Amosando publicacións coa etiqueta Libros. Amosar todas as publicacións
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mércores, 1 de xullo de 2026

La era del plástico

Siempre hay mucho que aprender de la investigación, la divulgación y el activismo alrededor de cualquier problema global.

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El título de esta columna es el de un libro recién publicado por la editorial Shackleton Books y del que son autores Tania Alonso Cascallana y Juan F. Samaniego, periodistas especializados en cuestiones medioambientales. El volumen es el resultado de su riguroso trabajo de documentación y de docenas de entrevistas con personas expertas en la investigación de la presencia y los efectos de los microplásticos en la naturaleza y en nuestro cuerpo. Un libro formidable, repleto de buenas explicaciones y fuentes e inspirado por una sana confianza en el principio de precaución, ese que nos hace dudar de que, por ejemplo, sea buena idea que para la producción de plásticos se empleen dieciséis mil aditivos químicos de los cuales cuatro mil son «peligrosos, bioacumulativos y/o tóxicos» y de otros diez mil no se tiene información suficiente.

En el primer capítulo se cita un texto del economista americano Victor Lebow en la revista Journal of Retailing en 1955 que merece la pena reproducir aquí. «Nuestra economía enormemente productiva», escribió, «exige que hagamos del consumo nuestra forma de vida, que convirtamos la compra y el uso de bienes en rituales, que busquemos nuestra satisfacción espiritual, la satisfacción de nuestro ego, en el consumo (...)

Martin Pawley. O artigo completo pode lerse na sección "La noche es necesaria" da Revista Astronomía, número 325, xullo-agosto de 2026. As persoas subscritoras poden acceder á revista no seu sitio web.

venres, 1 de maio de 2026

Luz y progreso en todas partes

Los avances tecnológicos han ido recortando nuestras horas de sueño.

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Our Daily Bread (King Vidor, 1934)
El sueño del Sapiens, el libro del que me ocupé en la columna anterior, arroja ideas y enfoques reveladores en cada capítulo. Es algo típico de las personas sabias, y Juan Antonio Madrid lo es, como constato cada vez que se me presenta la oportunidad de conversar con él. «La mayoría de nosotros», leo, «nos consideramos afortunados por haber nacido en la época actual. Nos imaginamos a nuestros antepasados de hace cien mil años ocupados en una lucha constante por la supervivencia, expuestos a la amenaza del hambre y a los peligros de los depredadores y tribus enemigas, sin apenas tiempo para descansar. Sin embargo, la observación de grupos tribales actuales, como los agta en Filipinas o los san y hadza en Sudáfrica y Tanzania, respectivamente, nos muestran una realidad bien distinta». Un equipo de antropólogos liderado por Mark Dyble convivió durante dos años con el pueblo agta y registró de forma minuciosa sus actividades diarias, el tiempo que dedicaban al cuidado de los hijos, a las tareas domésticas y a la búsqueda de alimentos. El resultado fue que los agta que adoptaron la agricultura trabajaban unas treinta horas semanales en los cultivos, frente a las veinte de sus colegas recolectores. La pérdida de tiempo libre que venía dada por el salto a la producción de alimentos se producía tanto entre los hombres como entre las mujeres (...)

Martin Pawley. O artigo completo pode lerse na sección "La noche es necesaria" da Revista Astronomía, número 323, maio de 2026. As persoas subscritoras poden acceder á revista no seu sitio web.

mércores, 1 de abril de 2026

El sueño del Sapiens

El nuevo libro de Juan Antonio Madrid es otra lección magistral de sabiduría y humanismo.

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«Nada tiene sentido en biología si no es a la luz de la evolución» es el título que le puso en 1973 a un artículo el genetista Theodosius Dobzhansky. La frase se ha convertido en un conciso mantra sobre la selección natural como ley universal que explica la supervivencia de los individuos mejor adaptados a los cambios que se producen en el entorno (y de ahí el valor de la variabilidad genética que facilita la existencia de individuos que por sus características singulares pueden afrontar mejor esos desafíos). El cronobiólogo Juan Antonio Madrid se vale de la cita de Dobzhansky para recordar que si la selección natural «ha permitido la existencia del sueño durante cientos de millones de años, ha de ser por algo muy importante: o bien el sueño cumple funciones vitales para el organismo que no se pueden realizar mientras se está despierto (teoría funcional), o bien proporciona una ventaja adaptativa que mejora la supervivencia (teoría evolutiva)». O quizás, añade, ambas cosas a la vez. El primer capítulo de su, como era de esperar, fabuloso libro El sueño del Sapiens (Plataforma Editorial) repasa qué cosas hace el sueño por nosotros (...) 

Martin Pawley. O artigo completo pode lerse na sección "La noche es necesaria" da Revista Astronomía, número 322, abril de 2026. As persoas subscritoras poden acceder á revista no seu sitio web.

domingo, 1 de febreiro de 2026

El Sol del porvenir

Una empresa estadounidense propone desplegar espejos en el espacio para invadir la noche con aún más luz.

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Dos hombres contemplando la Luna (C. D. Friedrich)
Un hermoso libro de Olivia Meehan editado en España por Blume, El arte de la naturaleza, examina la presencia de elementos del paisaje natural en creaciones artísticas de diferentes formatos, épocas y lugares. El volumen se estructura en tres grandes bloques, «Tierra» (árboles y plantas, campos, bosques, montañas o volcanes), «Agua» (mares, ríos, playas, glaciares y criaturas marinas, entre otros asuntos) y «Cielo», la sección a la que me dirijo de inmediato. Agradezco mucho su respeto a la diversidad cultural, de manera que coexisten en una misma doble página un óleo de Tintoretto, El origen de la Vía Láctea, y Milŋiyauwuy (río de estrellas), pintura sobre corteza fibrosa hecha con tierras de colores por Naminapu Maymuru-White, creadora de la nación yolŋu del nordeste australiano. El capítulo dedicado a nuestra estrella nos lleva en el tiempo desde el carro solar de Trundholm, creado hace más de tres mil años, a la pintura abstracta contemporánea (Vuelo de la libélula frente al sol de Joan Miró, El eclipse de Alma Thomas o Sin título (Rojo) de Mark Rothko), con parada en un códice del siglo XV, un grabado del XVII o un óleo de Claude Monet, Impresión, sol naciente. A la Luna y sus fases les prestaron atención los hermanos británicos Paul y John Nash, la japonesa Kawase Hasui o el ghanés El Anatsui, y mucho antes el alemán Caspar David Friedrich, que hizo al menos tres versiones de Dos hombres contemplando la Luna (...)

Martin Pawley. O artigo completo pode lerse na sección "La noche es necesaria" da Revista Astronomía, número 320, febreiro de 2026. As persoas subscritoras poden acceder á revista no seu sitio web.

xoves, 1 de xaneiro de 2026

La casa del silencio y la oscuridad

El primer álbum en solitario del ilustrador Xosé Cobas explora en sus páginas las huellas del tiempo sobre una arquitectura de luces y sombras.

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Durante casi treinta años el escritor Xabier P. DoCampo y el ilustrador Xosé Cobas formaron una estable pareja artística que engrandeció la literatura infantil y juvenil. La imaginación de uno y otro se realimentaba mutuamente, las palabras influían sobre las imágenes y viceversa, y de esa colaboración nacieron obras mayores de la edición gallega como O libro das viaxes imaxinarias, Bolboretas o la obra final, O pintor cego, el último y bellísimo texto que nos dejó Xabier antes de morir. Un trabajo que Cobas ilustró venciendo el dolor por el fallecimiento de su amigo, la orfandad creativa ante la pérdida de un maestro de las letras que era además un referente ético, un «diamante moral», como lo definió su editor durante muchos años, Manuel Bragado.

En Caderno de momentos, un libro que la Diputación de A Coruña publicó en 2018 a modo de homenaje tras su jubilación como diseñador gráfico de la entidad provincial, Cobas enuncia una suerte de autopoética guiado por las preguntas de un escritor experto en arte, Xavier Seoane. Regresa a la patria de la infancia en Logrosa, una parroquia rural del Concello de Negreira donde las pequeñas casas se integraban en el bosque y así pudo aprender a distinguir «los olores de las plantas, de los árboles, de las hierbas, en su contexto de luz y sombra y de color».Con el paso de los años se dio cuenta de la importancia de todos los sentidos en las artes plásticas, no solo la vista, también el olfato, el oído y el tacto. «Siempre me gustó la noche», decía entonces, «la noche como espacio de silencio, de refugio y de conversación con uno mismo». Una noche negra que ya no existe a la que se entregaba de adolescente, cuando esperaba a que cayese el día «para gozar de la oscuridad más absoluta» y «recurrir a la memoria para guiarme por el camino».

Esa fascinación por la noche se asentó gracias a una experiencia inolvidable. A inicios del verano iba de pesca al río con su abuelo hasta que la luz desaparecía por completo y regresaban a casa bajo un manto de estrellas al son de la música de los grillos y las ranas. La Luna llena y las luces cálidas de las casas de la aldea de Ínsua se reflejaban sobre las aguas y en una ocasión, «resguardados por la oscuridad, esperamos hasta que una pata seguida por sus siete u ocho crías desfiló ante nuestros ojos deshaciendo el espejo de luces reflejadas en el río». El recuerdo de aquel instante lo quiso repetir muchos años después con su hijo, pero para entonces el alumbrado público había borrado para siempre la magia de la naturaleza nocturna. 

Xosé Cobas, pintor del aire, acaba de presentar un volumen prodigioso, Soño dunha sombra (Kalandraka), un álbum compuesto únicamente por imágenes que remata con un excelso epílogo de Manuel Rivas en edición trilingüe, gallego, castellano e inglés. Un paseo por el interior de una casa a través del tiempo y de la luz, las dos materias fundamentales del cine, siempre tan fácil de conectar
con su obra. Páginas que nacen del silencio y la reflexión para promover el silencio y la reflexión. Un regalo para todos los sentidos y un canto de amor incondicional a la noche.

Martin Pawley. Artigo publicado orixinalmente na sección "La noche es necesaria" da Revista Astronomía, número 319, xaneiro de 2026.

sábado, 6 de decembro de 2025

Xosé Cobas, o infindo nun instante

Despois dunha longa e vizosa traxectoria como ilustrador, boa parte dela asociada á obra literaria de Xabier P. DoCampo, Xosé Cobas (Logrosa, Negreira, 1953) atrévese cun libro en solitario, Soño dunha sombra, álbum de abraiante fermosura e coidada edición, a cargo de Kalandraka, que explora o paso e o peso do tempo. Logo do debut no Culturgal, o libro será presentado no Kiosko Afonso da Coruña o próximo 9 de decembro, terza feira, nun acto no que o autor estará acompañado por María Xosé Bravo, Miguelanxo Prado e Manuel Rivas.

Os últimos caracteres do volume, nas páxinas finais de créditos, dan conta dun período marcado por dous anos, 2013 e 2025. Foi tal o camiño necesario para pensar e producir o conxunto de imaxes que conforman o volume que vén de chegar ás librarías, un percorrido no que, por suposto, se cruzaron outros títulos, entre eles o memorábel O pintor cego, que iniciou conxuntamente con Xabier P. DoCampo e que, após a morte deste en 2018, tivo que rematar el só. Aquel foi un desafío grande, tanto artístico como emocional, para alguén que iniciara a súa colaboración co escritor chairego case trinta anos atrás, a partir de A nena de auga e o príncipe de lume. Formaron unha parella inusual, aberta á evolución continua das imaxes e dos textos, á súa transformación mutua, unhas influíndo nos outros e viceversa. Conversaban a diario e longamente, viaxaron xuntos e compartiron infinidade de experiencias e anécdotas, e foi desa materia común que xurdiron e medraron tantos libros que ocupan un sitio destacado na literatura infantil e xuvenil de noso, fitos como Bolboretas, O libro das viaxes imaxinarias ou A illa de todas as illas. 

Páxina do libro "Soño dunha sombra" (Kalandraka)

O camiño agora é diferente, ten que ser diferente. O punto de partida foi unha tardiña a finais da primavera ou inicios do verán na casa onde vive, en Cambre, a mesma que Dominga e Benito, “tataravós dos meus netos”, acordaran converter no seu fogar en 1953 e na que “continúa a súa descendencia até o día de hoxe”, tal e como se explica nas gardas do libro. É alí onde nos atende Xosé Cobas. “Unha das particularidades desta casa é que está moi ben orientada ao Sol, e entón nesa época e até ben entrado o outono os solpores crúzana enteira, entran a través da sala e chegan até un pequeno estudio que temos. Un día calquera subindo as escaleiras reparei nun efecto da luz e quedei uns minutos mirando. Foi aí que arrincou todo, esa imaxe empezou a roldar pola miña cabeza e púxenme a observar máis, a interesarme pola presenza da luz natural dentro da casa a distintas horas do día, despois tamén a luz artificial pola noite, e descubrín un mundo”. Mais esa relación coa luz (e coa súa ausencia) estaba intimamente ligada á súa vida. Á súa infancia en Negreira, nos anos 50 e primeiros 60, cando ao volver da academia xa con noite en inverno atravesaba espazos de escuridade absoluta “até pasar a igrexa, onde empezabas a intuír a luz daquelas lámpadas de 40 watts que non alumaban nada”, como un vagalume que mataba o medo, “e a medida que ías avanzando vías ao lonxe a casa e logo a porta da cociña, até que finalmente entrabas” (...)

Martin Pawley. Artigo publicado no Sermos Galiza que acompaña Nós Diario o sábado 6 de decembro de 2025. As persoas subscritoras poden ler o artigo completo nesta ligazón.

sábado, 1 de novembro de 2025

Fantasías del anarcocapitalismo

El divertidísimo libro Una ciudad en Marte formula serias dudas sobre la pertinencia de la colonización del espacio.

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¿Podemos colonizar el espacio, deberíamos hacerlo y… realmente lo hemos pensado bien? Ya en su portada, el libro escrito por el matrimonio Weinersmith, Kelly (bióloga) y Zach (dibujante), expone preguntas tan obvias como pertinentes sobre esa explotación espacial que, si hiciéramos caso de algún que otro magnate, parecería a la vuelta de la esquina. No hay que esperar mucho para encontrar una primera respuesta. «Lo cierto», dicen, «es que los asentamientos humanos en otros mundos (entendidos como la creación de sociedades autosuficientes en algún lugar fuera del planeta Tierra) muy difícilmente serán realidad a corto plazo; pero es que además no traerán consigo los beneficios que defienden sus partidarios. Ni inmensas riquezas, ni nuevas naciones independientes ni un segundo hogar para la humanidad; ni siquiera un búnker para las élites más selectas», pese a lo cual «vivimos en un mundo en el que las agencias espaciales, empresas multinacionales y milmillonarios duchos en redes sociales prometen algo muy distinto (...)

Martin Pawley. O artigo completo pode lerse na sección "La noche es necesaria" da Revista Astronomía, número 317, novembro de 2025. As persoas subscritoras poden acceder á revista no seu sitio web.

martes, 19 de agosto de 2025

O fulgor da morte

Hiroshima (Hideo Sekigawa, 1953)


A editorial Kalandraka vén de publicar en español o álbum La espera, con texto do escritor Arthur Binard, nacido nos Estados Unidos mais afincado no Xapón, e imaxes do fotógrafo toquiota Tadashi Okakura. Os autores escolleron catorce obxectos entre os máis de vinte mil que se conservan no Museo da Paz de Hiroshima, restos da colosal destrución provocada pola bomba atómica lanzada o 6 de agosto de 1945 sobre esa cidade. Para cada un deses obxectos Binard creou breves monólogos: son eles quen nos contan onde estaban ou a quen acompañaban naquela data que representará sempre a máis dolorosa iniquidade. Un reloxo que estaba pendurado nunha barbería cuxas agullas se detiveron para sempre ás 8.15 horas, as luvas que protexían as mans dun dos moitos mozos que tiveron que deixar as aulas para derrubar edificios como suposta medida de protección contra os bombardeos, as lentes que levaba sobre o nariz o propietario dunha tenda, o caderno que servía de diario para unha rapaza de quince anos ou o talvez máis punxente de todos, a sombra que deixou nas escaleiras dun banco un corpo volatilizado pola exposición directa á calor e a radiación. Cousas que esperan, aínda, o regreso das persoas que as utilizaban (...)

Martin Pawley. Artigo publicado no Nós Diario o 19 de agosto de 2025, terza feira. As persoas subscritoras poden ler o artigo completo en liña nesta ligazón.

xoves, 3 de xullo de 2025

Entrevista con David Odiase

Escritor, performer e investigador, David Odiase é uma das vozes mais atentas da nova geração de autores africanos. A sua obra — que cruza literatura, performance e cinema experimental — investiga questões de identidade, pertença e herança colonial, revelando como o tempo e a memória se entrelaçam nos corpos e nas narrativas. Vencedor de diversos prémios em certames de poesia performativa, os seus textos foram publicados em antologias como Black Rootedness (West Africa to West Oakland poetry exchange) e Poeticon. Atualmente vive na Alemanha e é curador do coletivo literário TrueMyVoice, que reúne mais de 500 jovens escritores e escritoras da Nigéria. 

David Odiase passou recentemente por Galiza para participar no ciclo de recitais poéticos Poetas Di(n)versos, dirigido na Corunha pela escritora Yolanda Castaño. Nesta conversa com Martin Pawley, entre Galiza e Alemanha, Odiase fala sobre o poder do spoken word, as feridas do colonialismo, o papel político da linguagem, o seu amor pela performance e a importância de imaginar futuros possíveis.


Antes de máis, bo día e obrigado pola túa amabilidade ao facilitarme esta entrevista. Gostaríame que fales de cando, como e por que comezas a facer poesía, e especificamente no ámbito da “spoken word”, da poesía como acto performativo.
Góstame pensar que fago poesía dende que era moi novo. Durante os primeiros sete anos da miña vida eu fun o único fillo, e o meu pai mercaba para min libros. Nalgún momento, ao ler estas novelas, quixen crear as miñas historias propias, e aí foi onde a poesía comezou para min. Empecei a escribir poesía con lapis e papel e co andar dos anos converteuse en algo consistente na miña vida. Cando entrei na secundaria, empecei a escribir aínda máis. A ironía é que eu estaba nun curso de ciencia. En Nixeria na secundaria tiñas que elixir entre o curso de ciencias, o de arte ou o de comercio, eran as tres categorías que tiñamos. Eu fun ao de ciencias porque quería aprender moito, mais dalgún xeito descubrín, na secundaria e aínda despois, que eu escribía poesía mesmo cando estaba no laboratorio. Chegou un punto en que me decatei de que precisaba máis da miña poesía. Empecei a sentir a necesidade de interpretar os meus poemas. Todo veu por escoitar xente no Youtube, ver vídeos, ir a eventos de poesía. En Nixeria tiñamos os “poetry slam”, competicións de poesía recitada, nos que comecei primeiro a asistir e logo a participar. Eu era un pouco tatexo, sempre repetía as palabras unha e outra vez, tiña dificultades para pronunciar as palabras, así que tiven que traballar moito, adestrar moito. Comprendín que a poesía performativa era o que quería facer; sempre estaba a escribir no papel, mais ao ver actuacións de poetas sentía que era iso o que quería, e así se iniciou todo. Agora fago moitas cousas, por exemplo, fago filmes poéticos, filmes-performance. A miña actividade xa non se limita a actuar diante dun micrófono e abrangue tamén a investigación. Fago moita investigación para producir a miña obra, investigación académica, investigación na actuación, investigación de campo (...)

Martin Pawley. Pode lerse a entrevista completa no sitio web da revista Quiasmo. Artes, letras e ciência. Na mesma revista pode lerse a conversa orixinal en inglés. 

xoves, 1 de maio de 2025

Los buenos antepasados

En la gran escala del tiempo somos poco más que una limadura de uñas empeñada en hacer inhabitable el planeta que nos acoge. 

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Charles Laughton en This Land is Mine (Jean Renoir, 1943)

En Annals of the Former World, ganador en 1999 del Premio Pulitzer de no ficción, el escritor John McPhee formula una imagen que expresa de manera elocuente la importancia de la humanidad en la historia del planeta que compartimos. Si extendemos los brazos bien abiertos e imaginamos que la distancia entre las puntas de los dedos representa la historia completa de la Tierra, la presencia del ser humano equivaldría más o menos al borde de las uñas; de un solo golpe con una lima de grano medio haríamos desaparecer toda nuestra existencia. Descubro esta comparación a través de Nacidos de las estrellas, el deslumbrante e inagotable libro de Roberto Trotta del que ya les hablé el mes pasado. El cosmólogo completa a McPhee con aliento poético: «toda la belleza y brutalidad que los humanos aportan al mundo, las pirámides y los profetas, el Empire State Building y las minas de carbón, la esclavitud y la asistencia médica universal, el fútbol y Mozart, una madre cantando una nana a su bebé y un asesino atacando al amparo de la noche, todo se disolvería en una diminuta nube de impalpable polvo de uñas».

En comparación con el universo, «nuestra brevedad es casi inconcebible». En ese «mero parpadeo», los avances en medicina, producción de alimentos y educación han aumentado espectacularmente la calidad de vida en el último siglo, pero al mismo tiempo «las desigualdades en los ingresos son mayores que nunca: el diez por ciento más rico posee tres cuartas partes de toda la riqueza del mundo, y los diez hombres más ricos del planeta, incluidos los barones del espacio, vieron duplicarse su riqueza colectiva desde marzo de 2020», el mes que asociaremos siempre a la pandemia de la covid. «Para una minoría de nosotros», escribe Trotta, «hemos creado un mundo en el que casi todos nuestros caprichos materiales pueden satisfacerse a voluntad (y a menudo en un plazo de dos horas el mismo día que los pedimos)». En palabras del novelista Richard Powers en su muy recomendable novela El clamor de los bosques (otro Premio Pulitzer, en este caso de 2019 en la categoría de ficción), «estamos cobrando mil millones de años de bonos de ahorro planetario y despilfarrándolos en todo tipo de joyas».

«En lugar de perseguir sueños descabellados de establecernos en otros mundos, nuestro imperativo moral es convertirnos en administradores juiciosos de nuestro propio planeta», concluye el profesor de la Scuola Internazionale Superiore di Studi Avanzati. «Volvamos a centrar nuestra atención en las cuestiones reales: cómo compartir los recursos de nuestro planeta de la manera más equitativa posible entre todos los seres humanos, cómo garantizar que la vida no humana pueda seguir medrando en la Tierra, cómo reestructurar nuestra civilización sobre una base ambientalmente sostenible, cómo legar a nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos un planeta tan diverso y hospitalario como el que heredamos. Debemos aprender a convertirnos en “buenos antepasados”, en la memorable expresión de Jonas Salk.» ¡Cuánto bien le haría a Ursula von der Leyen leer esta obra maestra! ¡Cuánto bien nos haría!

Martin Pawley. Artigo publicado orixinalmente na sección "La noche es necesaria" da Revista Astronomía, número 311, maio de 2025.

martes, 1 de abril de 2025

Sin música ni poesía

El cosmólogo italiano Roberto Trotta reflexiona en su libro Nacidos de las estrellas sobre todo lo que le debemos a los cielos estrellados.

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Podría parecer esperable que las personas que se dedican a la astronomía manifestasen un compromiso claro hacia la protección de la oscuridad natural de la noche, pero la realidad, o la experiencia, no nos permite aceptar con ligereza esa hipótesis. El ejercicio profesional competente de esta ciencia es perfectamente compatible con un absoluto desconocimiento práctico del firmamento, así como de la cultura y el arte que se inspiró en ese paisaje a lo largo de la historia. No es preciso gozar con el cielo nocturno para investigar en astrofísica, de la misma forma que no es imprescindible amar la observación ornitológica para trabajar en un laboratorio de biología.

El cosmólogo italiano Roberto Trotta reconoce en el prólogo del formidable libro Nacidos de las estrellas, editado por Pasado & Presente, el escaso bagaje observacional de una trayectoria que en su caso se orientó hacia la física teórica. Fue mientras preparaba una conferencia pública en el Imperial College de Londres, donde es profesor visitante de Astroestadística, cuando empezó a ser verdaderamente consciente de en qué medida las estrellas habían moldeado su vida. Comprendió cómo su campo de investigación «estaba encaramado a un edificio construido a partir de miles de años de curiosidad humana» y esa perspectiva histórica alentó una exploración que trajo muchos otros descubrimientos, «conexiones que nunca me habría imaginado». Si la contemplación de las estrellas y la Luna estimuló el desarrollo de las matemáticas y la invención de los calendarios, ¿habría sido igual la evolución intelectual humana si ese majestuoso telón no se extendiese cada noche sobre el horizonte? «¿Cuán menguados estaríamos», se pregunta, «sin la poesía, la música y el arte que los cielos han inspirado? ¿Cómo sería nuestra espiritualidad sin los dioses del cielo? ¿Cuán diferentes serían nuestras leyendas, nuestras grandes novelas, nuestras concepciones del universo, cuán diferentes nosotros mismos, en un mundo sin estrellas?»

Tuvo una revelación en la meseta montañosa del Carso al ver Orión resplandeciente sobre el fondo negro del firmamento y experimentar «una sensación palpable de las profundidades del tiempo, un tiempo que nunca llegaría a vivir, y una conexión con las otras incalculables e improbables configuraciones de átomos que habían asumido conciencia propia y alzado sus ojos al cielo». El autor cita a Charles Darwin en ese mismo capítulo final. El naturalista, que de joven había sido un gran amante del arte, se lamentaba ya anciano de cómo su dedicación a la ciencia le había restado capacidades para disfrutar de otras formas de belleza. «Si tuviera que vivir de nuevo mi vida, me impondría la obligación de leer algo de poesía y escuchar algo de música por lo menos una vez a la semana, pues tal vez de este modo se mantendría activa por el uso la parte de mi cerebro ahora atrofiada. La pérdida de estas aficiones supone una merma de felicidad y puede ser perjudicial para el intelecto, y más probablemente para el carácter moral, pues debilita el lado emotivo de nuestra naturaleza.» Trotta se identifica con él: «Sin las estrellas, me sentía como Darwin sin música ni poesía».

Martin Pawley. Artigo publicado orixinalmente na sección "La noche es necesaria" da Revista Astronomía, número 310, abril de 2025.

sábado, 1 de marzo de 2025

La paradoja de Jevons

Un sistema económico que tenga como dogma único el crecimiento perpetuo es incompatible con la salud del planeta.

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En el libro The Coal Question, publicado en 1865, el economista y lógico inglés William Stanley Jevons analizó la sostenibilidad de la producción energética. Puesto que la cantidad de carbón era finita y su demanda crecía exponencialmente, antes o después las necesidades de consumo chocarían con la disponibilidad total del combustible y eso, de forma inevitable, pondría un freno al progreso. Ante tal evidencia surgía la hipótesis de un uso más eficiente de los recursos que dilate ese agotamiento sine die, una típica solución mágica del industrialismo que Jevons niega al formular la paradoja que ahora lleva su nombre: si, por ejemplo, se aprovecha mejor el carbón en un alto horno, aumentarán los beneficios, se atraerá nuevo capital, el precio del hierro fundido bajará pero crecerá su demanda «y,con el tiempo, el mayor número de hornos compensará con creces el menor consumo de cada uno de ellos». Esto valía para cualquier ámbito económico: «el progreso de cualquier rama de fabricación estimula una nueva actividad en la mayoría de las otras ramas, y conduce indirectamente, si no directamente, a mayores incursiones en nuestras vetas de carbón».

En uno de los diálogos del libro que tratamos en esta sección el mes pasado, La Tierra exhausta, Egidio, uno de los personajes inventados por Joaquim Sempere, explica las consecuencias de este «efecto rebote» utilizando el ejemplo de la iluminación. Si se inventan unas luces eléctricas que con el mismo gasto de energía iluminan diez veces más, puede ser motivo de celebración porque nos permiten gastar diez veces menos energía, pero tam-bién «podemos caer en la tentación de multiplicar por diez la iluminación sabiendo que vamos a gastar la misma electricidad que antes». Es, de hecho, lo que hemos experimentado en los últimos quince años con la generalización del LED. «Obtener materiales más eficientes por unidad de masa solo contribuye a la sostenibilidad si la economía no crece. En cambio, si la ciencia de los materiales se pone al servicio del impulso capitalista a crecer sin límite, servirá para introducir nuevas líneas de producción y ampliar indefinidamente los negocios, y el potencial de la ciencia de los materiales para hacer frente a la escasez de materiales se irá al garete.»

«¿Tendremos materias primas minerales suficientes para desplegar una transición energética al alcance de todos los habitantes de la Tierra?», se pregunta en una carta Julia, la voz fundamental del libro, la que sugiere «imitar a la naturaleza» en favor de un sistema industrial y agroalimentario que funcione con energías renovables y con materiales constantemente reciclados. «El principio debe ser suficiencia y autocontención, y en ningún caso crecimiento. Y como en el capitalismo lo que cuenta es el incremento del valor de cambio, ninguna innovación deja de empujar a seguir creciendo. Nunca se dice ya hemos llegado, siempre hay que seguir adelante… aunque avanzar ya no aporte ninguna mejora humana real o empeore el estado de la biosfera. Mientras el capitalismo no sea sustituido por una economía estacionaria de las necesidades vinculada a la sostenibilidad ambiental, no nos salvará ni la ciencia de materiales ni nada.» Amén.

Martin Pawley. Artigo publicado na sección "La noche es necesaria" da Revista Astronomía, número 309, marzo de 2025.

sábado, 1 de febreiro de 2025

La Tierra exhausta

El filósofo y sociólogo Joaquim Sempere crea una obra clave de reflexión sobre los urgentes desafíos ambientales.

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Nunca me gustó subrayar libros. Me resulta muy molesta la imagen de una página invadida por las rayas, más cuánto más evidentes o invasivas sean esas marcas. Contra esa manía caprichosa debía luchar para satisfacer la necesidad de señalar frases o párrafos que encuentro particularmente valiosos y que deseo poder localizar sin esfuerzo. Hace cosa de tres años tuve una idea repentina y simple que experimenté como una gloriosa revelación: en vez de subrayar podía colorear esas líneas, pintarlas con lápiz para crear un fondo suave y elegante muy reconocible pero que no dificulta la lectura. Amarillo, naranja, rojo o azul, eso me da igual, siempre que no sea muy intenso, más bien tirando a pastel; un tono que decore la página con ligera uniformidad sin provocar(me) desagrado.

Hay, pues, un antes y un después en mi biblioteca que permite identificar de forma rápida los libros que me han producido un mayor impacto. Mis permanentes relecturas de Rosalía de Castro han llenado de rosa, dorado, verde y gris los volúmenes que más estimo, las ediciones críticas de su poesía que preparó Anxo Angueira. El amarillo invade la traducción gallega de Carol de Patricia Highsmith, el naranja la Cronobiología de Juan Antonio Madrid y una variada colección de colores El cuadro completo de Alice Procter.

En La Tierra exhausta, ensayo publicado por Pasado & Presente, hay manchas de color en la mayoría de las páginas. El autor, Joaquim Sempere, es un filósofo catalán discípulo de Manuel Sacristán, introductor de las teorías marxistas en España. Como profesor de Sociología en la Universidad de Barcelona se especializó en temas de medio ambiente y de ese interés es buena muestra este libro, versión en castellano (con cambios al parecer significativos) de un original aparecido un año antes en catalán, que se vale de un recurso ingenioso, el diálogo de seis personajes que se encuentran a lo largo de diecisiete tardes para debatir sobre la emergencia climática, la destrucción de la naturaleza y la transición energética, pero también las desigualdades o las injusticias no resueltas del pasado (y en muchos casos presente) colonialista. Los seis personajes representan posiciones ideológicas diferentes, desde la más apocalíptica hasta la más integrada, pero quien aporta los argumentos más sólidos es Julia, que expone con claridad como durante los últimos dos siglos vivimos en la ficción tecnooptimista de un crecimiento ilimitado amparado en la disponibilidad de energía de alto aprovechamiento, derivada del carbón y el petróleo, en grandes cantidades y a precios de extracción bajos. Ahora que ya se vislumbran en el horizonte las señales de agotamiento de recursos energéticos y minerales, el decrecimiento, entendido al menos como «reducción de los impactos ecológicos destructivos de las actividades humanas», se muestra como un camino inevitable. «Hemos vivido muchos años con la idea de que hay disponible toda la energía que se desee», afirma. Llegó el momento de reducir las demandas de energía y adaptarnos «nosotros al flujo de energía y no a la inversa». Volveremos el mes que viene sobre esta obra capital.

Martin Pawley. Artigo publicado na sección "La noche es necesaria" da Revista Astronomía, número 308, febreiro de 2025.

sábado, 4 de xaneiro de 2025

Cultura contra o colonialismo

Fotograma de Dahomey (Mati Diop, 2024)

Nun moi instrutivo libro publicado pola editorial Capitán Swing, África no es un país, o xornalista nixeriano Dipo Faloyin repasa os estereotipos asociados ao seu continente, demasiadas veces retratado como un territorio uniforme sempre subordinado ao primeiro mundo branco. Para alén de explorar con humor a colosal diversidade étnica e cultural africana fronte aos tópicos -vexatorios por únicos- das paisaxes exuberantes e naturezas virxes mais tamén os conflitos e as fames irresolúbeis, unha sorte de castigo divino inevitábel, o autor dá conta, nun bloque apaixonante, do espolio de bens artísticos executado polas potencias europeas. É un exemplo paradigmático o caso do Reino de Dahomey, cuxos tesouros acabaron en museos de Francia logo de ser brutalmente saqueado en 1892: o parisino Musée du Quai Branly garda, el só, case o 80% das noventa mil pezas roubadas na África subsahariana. Na pertinente crítica á construción colonial dos principais museos e a urxente necesidade de revisar os seus fondos e achegar unha xusta explicación de como foron obtidos, o volume casa ben con outro título imprescindíbel da mesma editorial, El cuadro completo de Alice Procter, que trata a perversa -e as máis das veces oculta- formación das máis importantes coleccións de arte.

"Toda arte é política. Todo o que alberga un museo é político", dinos Alice, "porque está determinado polas políticas do mundo que o creou". E engade: "A arte sempre foi a ferramenta dos poderosos e tamén a arma dos desposuídos: a imaxinería oficial controla as narrativas da identidade e define o que é correcto, mais estas representacións poden subverterse e destruírse de maneira creativa. Hai que coñecer as regras do espazo para sabotalo. Se non se fai así, as xeracións deixan de dispoñer dun lugar dende o cal comezar, os relatos non se cuestionan e triunfa a nostalxia".

Recorda Dipo que en 2017 Emmanuel Macron anunciou nun discurso en Uagadugú, Burkina Faso, que "nos seguintes cinco anos" deberían darse as condicións para a devolución temporal ou permanente do patrimonio africano a África. O presidente encomendou un informe a Bénédicte Savoy e Felwine Sarr, cuxas conclusións contundentes exixían a devolución rápida de calquera obxecto tomado pola forza ou adquirido en condicións de desigualdade, incluídas as agresións militares e a apropiación por parte de funcionarios coloniais ou por expedicións científicas anteriores ás independencias. Foi un fito teórico de resultados concretos aínda modestos, mais con innegábel valor simbólico, como a devolución de 26 estatuas ao pobo de Benín. A ese episodio presta atención Mati Diop nun excelente documental de pouco máis dunha hora, Dahomey, Oso de Ouro na pasada Berlinale. A cineasta pon o foco nesas estatuas para as cales "130 anos de cativerio chegan ao seu fin", como afirma un texto ao inicio, e dálles literalmente voz. É unha delas, a número 26, a que nos fala: "Afastado da terra onde nacín, como se estivese morto. Hai miles de nós nesta noite. Todos temos as mesmas cicatrices".

De maneira sobria, dende a convicción de que o puro rexistro é de seu elocuente, a directora filma a minuciosa retirada das obras do Quai Branly, as vitrinas baleiras, o coidado proceso de embalaxe, a carga no avión para a viaxe de regreso a casa. En Benín a recepción será triunfal, a histórica restitución dun tesouro nacional que para Francia non foi máis ca un botín. A cidadanía aplaude, canta e baila ante o paso dos camións que traen as obras de volta. A detallada inspección das estatuas antes de seren expostas achéganos información que as pon en contexto e as converte en obxectos únicos. "Eu entrégome a esa caricia tropical, ao cheiro da infancia, un camiño cara a min mesmo. Non agardaba volver a ver a luz do Sol", declama, con voz espectral, a figura 26. Como na súa primeira longametraxe, Atlantique (2019), o discurso de Mati Diop admite desvíos cara ao xénero fantástico.

Na media hora final o filme adquire unha nova capa a través dun debate público no que participan mozas e mozos. É a xuventude beninesa quen analiza e discute, con espírito crítico, todo o que implica a restitución, se é o comezo de algo máis grande ou apenas un xesto cosmético da antiga metrópole. Será unha muller nova quen expoña un cruel paradoxo: toda a xente emprega alí a lingua oficial e común, o francés. "Non sei falar o meu propio idioma, non podo dicir todo o que quero. Nin sequera aprendemos a nosa cultura no noso idioma. Aprendémola en francés". Tan lonxe de nós, tan perto.

Martin Pawley. Artigo publicado orixinalmente no Nós Diario o sábado 4 de xaneiro de 2025. O artigo pode lerse en español no sitio web de Roger Koza "Con los ojos abiertos". 

mércores, 14 de agosto de 2024

Lecturas de verán. Podcast "Nadar de costas" (Revista Quiasmo).


María Luz Morales naceu na Coruña mais desenvolveu a súa vida e a súa profesión en Barcelona, até ocupar un lugar na historia do xornalismo por varios motivos. Foi pioneira na escrita de textos sobre cinema a través dunha sección específica no xornal La Vanguardia a partir de 1923, unha longa colección de escritos que foxe da típica crónica de “ecos e noticias” sobre as estrelas de Hollywood para defender os valores autorais dos filmes. Foi, tamén, a primeira muller en dirixir un xornal en España, La Vanguardia, durante uns meses após o golpe de estado de 1936, feito que logo, co triunfo do fascismo, fixo dela unha vítima máis da represión e a prohibición de exercer o seu oficio xornalístico. Máis adiante faría crítica de teatro (e gañou por iso un Premio Nacional). Escribiu moito, biografías de personaxes célebres (Madame Curie, por exemplo) ou unha historia do cinema en tres volumes; fixo traducións -súa é a primeira en España do clásico Peter Pan- e adaptacións de clásicos para o lectorado infantil. Mais tamén fixo obras máis persoais, como é esta novela coruñesa, Balcón al Atlántico, que reeditou agora Amarillo Editora. Unha novela de deliberado sabor decimonónico, cunha protagonista nena primeiro, logo moza, nunha familia vida a menos con propiedades no campo no tránsito do século XIX ao XX. Unha muller con soños románticos fascinada pola súa cidade, descrita con entusiasmo, mais que tamén descubrirá a voluptuosa paisaxe da Galiza rural e ficará embriagada polo “aire libre y el campo abierto, la caricia del Sol en mi piel y los dedos del viento en mis cabellos, el contacto del agua límpida, fría, de fuentes y regatos en mis piernas y mis pies descalzos”. Unha prosa coidadísima, inzada de termos en galego e outras referencias ao noso país como a presenza dunha personaxe, Rosa de Anido, de clara estirpe rosaliana, nun libro que tira de nós con enerxía.

Capitán Swing vén de reeditar, coa alta calidade habitual, a novela Tomates verdes fritos da actriz e escritora estadounidense Fannie Flagg. Publicada en 1987, foi levada ao cinema catro anos despois nunha adaptación moi popular que contou coa propia Fannie Flagg como coguionista e un elenco notábel coas actrices Kathy Bates, Jessica Tandy, Mary-Louise Parker e Mary Stuart Masterson. A novela transcorre en dous tempos diferentes, un presente cunha muller de existencia tristeira, pouco estimulante, que coñece nunha residencia de anciáns a unha señora que lle conta historias do pasado, cincuenta anos atrás, sobre a xente que se movía arredor dun café na viliña de Whistle Stop rexentado por dúas mulleres que viven xuntas, en parella, en familia. Historias da América da depresión, onde a pobreza, os conflitos raciais e a violencia machista están presentes. Mais o ton da autora non é sórdido, antes polo contrario, celebra a vida en comunidade, a colaboración entre a veciñanza, a comprensión, a empatía, o optimismo. Unha novela verdadeiramente feliz cunha edición que pon en valor os seus moitos méritos.

O 2 de agosto de 1924 nacía James Baldwin, escritor e activista en favor dos dereitos civís. Cúmprense pois cen anos do nacemento dun dos grandes intelectuais norteamericanos, un home polémico, combativo, crítico coas inxustizas e libre, profundamente libre. Capitán Swing súmase ao centenario coa edición dun libro, La próxima vez el fuego, que compila dous ensaios, Tembló mi celda, unha carta ao seu sobriño que tece reflexións memorábeis sobre algúns fundamentos do racismo: “Te ruego que intentes recordar que lo que ellos [los blancos] creen, así como lo que hacen y te hacen padecer, no es prueba de tu inferioridad, sino de su miedo y su falta de humanidad”. Nun texto máis longo, A los pies de la cruz, analiza como entre a comunidade negra o cristianismo foi perdendo influencia e se foi abrindo paso o Islam da man de líderes como Elijah Muhammad, e rememora a súa propia experiencia relixiosa até o definitivo abandono da fe.

A editorial Sexto Piso publicou tamén unha novela excepcional, El cuarto de Giovanni, unha historia de amor e paixón entre un home estadounidense que fica só en París mentres a súa noiva viaxa por España e un atractivo e sedutor italiano ao que coñece nun bar. Un relato de alento tráxico que explora a soidade, a necesidade do amor, a necesidade do outro, realmente, e o desexo, un desexo que dá forma a parágrafos memorábeis: “Cerró la puerta a nuestra espalda y entonces durante un momento, en la penumbra, nos limitamos a mirarnos, con congoja, con alivio y jadeando. Yo temblaba. Pensé, si no abro la puerta enseguida y salgo de aquí, estoy perdido. Pero sabía que no podía abrir la puerta, sabía que era demasiado tarde: pronto sería demasiado tarde para hacer nada que no fuese gemir”.

Caleidoscopio é unha editora que está construíndo un catálogo selecto de obras e autores. Autores ás veces máis coñecidos ou que forman parte do canon literario dos Premios Nobel, caso de Herman Hesse ou Grazia Deledda, e outros sen dúbida menos familiares nas librarías españolas, como Raul Brandao, de quen publicaron a inclasificábel Humus, entre o diario e o ensaio alucinado e poético. Mais eu quero destacar a inmensa sorpresa que para min foi ler Pabellón nueve de cirugía do turco Peyami Safa, unha novela sobre o sufrimento físico, cun protagonista mozo afectado por unha doenza crónica que o leva unha e outra vez ao hospital a someterse a probas e cirurxías, sempre coa ameaza de perder unha perna. As páxinas finais son extraordinarias, poucas veces vin un retrato tan revelador da experiencia da dor e o padecemento físico. A punto de saír do hospital, di o narrador: “Aquí me he acostumbrado tanto al dolor y a la resignación que, si los dejo atrás, sentiré un vacío como si me hubieran amputado un trozo del alma. Si los dejo atrás, ¿cómo voy a vivir sin tener la posibilidad de rebelarme contra ellos? En la envidia de los que se quedan se mezcla algo de compasión hacia mí. Se guardan para sí una felicidad sutil que solo conocen escasas personas. Ojalá pueda recordar más adelante esa felicidad desconocida para quienes no han estado enfermos”. E máis adiante: “Quienes no han sufrido una enfermedad grave no pueden afirmar que lo entienden todo. No hay dos personas más próximas que dos enfermos. ¡Qué poco nos entenderán los que no lo están!”.

Ao abeiro do Día das Letras Galegas dedicado a Luísa Villalta, Kalandraka lanzou a reedición, longamente desexada, do Papagaio, un obra que suma o talento poético da escritora coruñesa ao talento fotográfico de Maribel Longueira. O barrio do Papagaio, unha das rúas da prostitución na Coruña, foi eliminado e destruído, convertido nun inmenso furado onde cimentar a cobiza inmobiliaria. Maribel documentou coa súa cámara os últimos pousos antes do definitivo exterminio, os restos das escaleiras, das xanelas, a ferralla que queda do que foi en tempos unha casa, as bonecas perdidas, a pintura das paredes que devén expresionismo abstracto, as xeringas. E sobre esas imaxes dunha cidade real que desaparece baixo a maquinaria do capitalismo e sobre a memoria do comercio da carne a autora dunha das novelas maiores da literatura galega, As chaves do tempo, fixo alta poesía, coma sempre. “Os anos cincuenta de calquera século / unha porta verde na cronoloxía repintada, / unha vez tras outra, da esperanza”. Ou “A vida máis estraña é a que marcha inocente / canda os coches que acenden as luces tímidas”. Ou “Desaparecidas as furcias, / só as ratas resisten nalgún lugar irredento / da conciencia”.

No anterior podcast falamos do 25 de abril no cinema portugués. E sobre o 25 de abril trata un excelente libro, tamén en Kalandraka, da xornalista galega Tareixa Constenla, correspondente de El País en Lisboa, Abril é un país, un documentado relato da Revolución dos Cravos, de como se chegou á situación social e política que alentou esa revolución, do que aconteceu despois e do legado daquel asombroso proceso. O subtítulo do libro fala dos “heroísmos descoñecidos”, e entre todos eles, nun libro que, de maneira confesa, expresa a súa admiración polo lendario Salgueiro Maia, o heroe discreto da revolución, eu fico cun heroe que foi anónimo durante case catro décadas e só de forma tardía obtivo o recoñecemento que merecía: José Alves da Costa, o cabo insubmiso ao que lle mandaron abrir fogo dende o seu tanque contra as forzas revolucionarias e decidiu non acatar a orde. E para iso, para evitar o baño cruel de sangue, decidiu pecharse varias horas dentro do tanque e así impedir que ninguén puidese acometer o acto de barbarie que lle encomendaran. Esas horas de silencio e soidade, de descoñecemento do que pasaba fóra, ben poderían inspirar un belo conto, unha obra de teatro, quizais un filme. 

Martin Pawley. Recomendacións preparadas para o podcast "Nadar de costas" da revista Quiasmo.

xoves, 11 de xullo de 2024

Volver a María Luz Morales


Amarillo Editora vén de publicar Balcón al Atlántico da galega María Luz Morales, a primeira muller en dirixir un xornal no estado español e, antes diso, pioneira na escrita de textos sobre o cinema. Nacida na Coruña en 1889 -probabelmente: sobre a data do seu nacemento hai non pouca confusión-, era aínda cativa cando a súa familia se estableceu en Barcelona, onde María Luz desenvolveu a súa excepcional (e longa) traxectoria profesional. O 5 de xullo de 1921 asina o primeiro artigo en La Vanguardia, “Las hadas vuelven”, entusiasta defensa do teatro feito para o público infantil, e dous anos despois convértese en columnista estábel do xornal na sección “Vida cinematográfica” baixo o pseudónimo Felipe Centeno, collido dunha novela de Galdós. Fronte aos típicos “ecos e noticias” sobre as celebridades de Hollywood, os seus textos desvelan unha xenuína curiosidade pola linguaxe das películas e celebran a condición autoral máis alá dos rostros e corpos que poboan a pantalla. Queda claro en “Los magos del cine”, reivindicación da arte de Stroheim, Abel Gance ou King Vidor, “o máis alto poeta de Norteamérica despois de Walt Whitman”, ou na súa admiración por F. W. Murnau, xenio capaz tanto da depuración d’O último, na que renunciaba aos intertítulos e confiaba a narración toda ás imaxes, como da colosal sofisticación de Amencer, cuxo filme derradeiro, Tabú, provocou grande impacto na crítica coruñesa: “e ao chegar ao patético final, cando a fatalidade se plasma nunhas leves ondas e unha música que vai apagándose, apagándose, e unhas táboas que aboian... sentímonos empequenecidos ante a grandeza do poema”.

En “Nuevo valor del silencio” (1932) critica “aquela torpe, balbuciente etapa” en que, coa chegada do son ás salas, as películas volvéronse falangueiras de máis e se encheron de cancións e ruídos; “os grandes directores actuais”, di, “dan outra vez o seu pleno valor ao silencio”. En pleno apoxeo do cinema de gánsteres cuestionará con retranca o exceso de títulos de temática criminal: “Unha descarga cerrada dános a benvida. Despois un tiro. Outro tiro. Tres tiros. Cen tiros, que xorden de diversos sitios. E decontado o bater mortífero dunha metralladora”. A mesma retranca coa que no artigo “Características”, aló en 1926, parodiaba as formas máis tópicas dos cinemas nacionais comparando unha produción americana, unha francesa, unha italiana, unha alemá, unha rusa e unha española. O seu labor chamou a atención da Paramount, que a fichou como asesora. Esa mesma produtora puxo o ollo logo noutra galega pioneira na crítica cinematográfica, Hortensia Blanch Pita, “Silvia Mistral”.

Após o golpe de estado de 1936 María Luz Morales asumiu durante uns meses a dirección de La Vanguardia a proposta do comité do xornal co obxectivo de manter a empresa en marcha. O triunfo fascista fixo dela vítima da represión; pasou unhas semanas no cárcere, foi procesada e perdeu o seu traballo como xornalista. Fai traducións e adaptacións de obras clásicas para o lectorado máis novo, así como unha historia ilustrada do cinema en tres volumes, mais tamén escribe obras orixinais. É o caso de Balcón al Atlántico, acto de amor á Coruña -Marineda nas súas páxinas, ao estilo da Pardo Bazán- que proba a súa estreita conexión cunha cidade que nunca lle foi allea. A novela, ambientada no tránsito do século XIX ao XX, ten como protagonista a Lupe, unha nena, logo moza, inxenua e soñadora, filla dunha familia que vai a menos con pazo e propiedades no rural, un universo que a rapaza descubrirá extasiada, embriagada “polo aire libre e o campo aberto, o aloumiño do Sol na miña pel e os dedos do vento nos meus cabelos, o contacto da auga límpida, fría, de fontes e regatos nas miñas pernas e pés descalzos”. Nesa casa da aldea coñecerá tamén a bondade de Rosa de Anido, un nome (e unha personaxe) de obvia estirpe rosaliana. Un matrimonio concertado cun rico herdeiro en Cuba motivará un xiro na trama, un relato de ímpeto romántico e prosa torrencial, coidadísima, na que abundan as palabras e expresións galegas. E sempre A Coruña omnipresente, coa chuvia, o vento e as gaivotas, o mar do Orzán, as hortas de Garás, o Recheo ou a rúa Real onde as irmás de Lupe, xa adolescentes, “pasaban horas mortas na sala dun fotógrafo que, por dous reais a entrada, exhibía unhas vistas de carreiras, sustos, viaxes á Lúa e danzas de serpentinas en cores”. E, sobre todo, o xardín de San Carlos cos olmos que gardan a tumba de sir John Moore, espazo simbólico principal desta novela apaixonante.

Martin Pawley. Publicado orixinalmente no Nós Diario o 11 de xullo de 2024, quinta feira.

sábado, 1 de xuño de 2024

La fuerza de nuestro amor no puede ser inútil

En muchas obras fundamentales de la literatura gallega hay sitio para el paisaje y la cultura de la noche.

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Casa da Matanza, Padrón. Imaxe: Merce Ares, Fundación Rosalía de Castro.

Desde 1963 cada 17 de mayo se celebra en mi país el «Día das Letras Galegas», que cada año rinde homenaje a una figura literaria ya fallecida. La idea de impulsar una jornada dedicada a honrar los libros surgió asociada al centenario de Cantares gallegos de Rosalía de Castro, obra fundamental de nuestro renacimiento cultural. A falta de conocer la fecha exacta de su salida de imprenta se tomó como referencia la que la autora escogió para la dedicatoria a Fernán Caballero que inicia el libro, ese 17 de mayo de 1863 en el que su esposo Manuel Murguía cumplía treinta años.

En 2024 el «Día das Letras» se le dedicó a Luísa Villalta, que escribió ensayo, teatro y narrativa –sublime es su novela As chaves do tempo–, aunque es más conocida por su poesía, muy vinculada a su ciudad, A Coruña, «tatuada na pétrea pel do mar». «De novo as estrelas meten-se nos bares abertos até o horizonte da madrugada», leemos en Ruído. Y en En concreto, «Demasiada luz para esta noite / demasiados mecanismos entre as mans», versos que riman con aquellos de Rosalía en Follas novas: «Luz e progreso en todas partes..., pero / as dudas nos corazós».

Siendo la gallega una sociedad tradicionalmente ligada a la naturaleza, no es extraño que no sean pocas las referencias literarias a los paisajes y la cultura de la noche. «E o faro estraviado / daba o S.O.S. / n-o morse / –clave Orión– / das estrelas», escribió Manuel Antonio en De catro a catro (1928), joya inmortal siempre en vanguardia. Manuel María, patriarca de la Terra Cha, envió una hermosa carta a las estrellas, «rosas de luz na noite escura». Anxo Angueira evoca en Palmeiras, piueiros las «cen lúas de Xúpiter» o los «asubíos do Serpentario». Xabier P. Do Campo incluyó no poder mirar las estrellas entre su lista de miedos en Cando petan na porta pola noite. Y en A viaxe de Gagarin, novela mayor de Agustín Fernández Paz, la fascinación por el espacio marca la infancia y adolescencia del protagonista (Xabier, Agustín: para quien esto escribe, amigos, maestros, irmaos).

Los ejemplos son abundantes en la propia Rosalía, que nació bajo una «roxa estrela» (el planeta Marte) y cantó la anchura sin límites del cielo y a las estrellas que guían el camino o sonríen mientras contemplan los amores que florecen. Antes, Xoan Manuel Pintos dejó huella en su poesía del paso espectacular del cometa Donati en 1858. Otro contemporáneo, Eduardo Pondal, alabó al «fulgente Sirius» e hizo del «prácido luar» una parte esencial de Galicia junto a los árboles (los rumorosos pinos) y la «costa verdecente», un triunvirato natural de cielo, tierra y mar que abre el poema que se convirtió en nuestro himno. Paisajes, los tres, hoy amenazados por la codicia sin límites y cuya defensa es, digámoslo una vez más, irrenunciable: sin ellos nada somos. En palabras de otro grande, Uxío Novoneyra, poeta de O Courel, la fuerza de nuestro amor no puede ser inútil.

Martin Pawley. Artigo publicado na sección "La noche es necesaria" da Revista Astronomía, número 300, xuño de 2024. 

martes, 14 de maio de 2024

Cada un ao seu e deus contra todos: Werner Herzog fala de si

Werner Herzog fotografado pola súa esposa Lena Herzog (Imaxe: Blackie Books)

No prólogo das súas apaixonantes memorias, publicadas no Estado español pola editorial Blackie Books, Werner Herzog recorda que xa empregou o título que lle puxo ao libro, o mesmo que leva este artigo, nun dos seus filmes máis valiosos e celebrados, o que dedicou á figura real de Kaspar Hauser, que viviu toda a infancia e adolescencia en completo illamento, sen contacto con humanos, e cuxa aparición pública no século XIX xerou inmensa curiosidade e controversia. Empregouno con pouco éxito, iso si, pois "case ninguén foi capaz de reproducilo con exactitude" e o filme foi as máis das veces citado polo nome do personaxe protagonista. Este segundo intento non agocha a lixeira contradición implícita no seu uso, pois se ben parece apuntar a condición do autor de "lobo solitario" hai en todo momento un recoñecemento expreso de que sempre estivo rodeado por compañeiros de traballo, familia e mulleres, sen as cales "só sería unha sombra de min mesmo". Un dos máis gratos alicientes do libro é, de feito, o perfecto equilibrio entre a lenda dun cineasta afeito a experiencias e aventuras extremas que, para os que non temos a intrepidez como característica, rozan case o suicida, coas rodaxes de Aguirre, a ira de Deus e Fitzcarraldo como exemplo paradigmático, e a naturalidade coa que permanentemente desdramatiza esa lenda. Herzog divírtese –e divírtenos– con todas as batalliñas que lle queremos ler, incluídas as loucuras de Klaus Kinski, mais de fondo hai unha vontade honesta de dicirnos que "non foi para tanto". Lonxe do cinismo e da impostura e máis interesado na verdade ca nos feitos, na súa prosa brillante, xenerosa e xusta agroma o abraio de quen tivo a oportunidade (ou fixo por tela) de visitar lugares extraordinarios e tratar figuras eminentes, de Ryszard Kapuscinski e Bruce Chatwin a Roger Penrose. Para alén da épica das grandes peripecias, Herzog encontra no cotián suxestivas "minas poéticas", dito cunha expresión roubada a Bernardo Atxaga, e así as súas páxinas adquiren grande altura literaria cando pecha abruptamente o libro entretido polo voo dun colibrí, evoca a primeira vez que comeu unha laranxa ou relata emotivas anécdotas relacionadas coa perda da cabeza do avó Rudolf, que acabou por non coñecer a súa propia esposa. Un serán este presentouse á hora da cea vestido con inusual elegancia, con traxe e garabata. Logo do primeiro prato, dobrou coidadosamente o pano de mesa e ergueuse mentres lle dicía á muller cunha reverencia "Señora, se non estivese xa casado, agora mesmo lle pediría matrimonio".

Nacido en Múnic o 5 de setembro de 1942, Werner Herzog tiña dúas semanas cando a súa nai decidiu marchar cos fillos a unha vila remota nas montañas de Baviera para escapar da guerra, aterrada logo de descubrir o bebé no berce cuberto por cristais rotos e cascallos, milagrosamente ileso após un ataque aéreo. O futuro creador de non poucas obras mestras –se tiver que elixir só unha, escollería Terra de silencio e escuridade– criouse no campo "rodeado de miseria", en condicións de extrema precariedade das que non era ben consciente pois aquilo, para el, era o normal. A vida canda o irmán maior Tilbert transcorría case exclusivamente ao aire libre; aprendíano todo "sen instrucións". "Pertenzo a unha xeración en certo sentido singular", escribe. Conviviu con labregos que traballaban da mesma maneira ca na Idade Media e viu a transición cara a unha agricultura industrializada. De cativo había heraldos que anunciaban ordenanzas e nomeamentos a viva voz e el mesmo non fixo unha chamada de teléfono até os dezasete anos, mais co curso do tempo foi testemuña dos inicios da era dixital e da chegada de Internet, os contidos presentados por algoritmos e a emerxencia da intelixencia artificial. "Nunca na historia houbo tal concentración de cambios radicais, nin podo imaxinar as xeracións vindeiras experimentando tantos trastornos fundamentais nunha soa vida". Dou fe de que lle escoitei cousas moi parecidas aos escritores galegos Xabier P. DoCampo e Agustín Fernández Paz. Por iso e por como expresa a preocupación pola desaparición das linguas, a súa dificultade para tirar a comida, "sobre todo o pan", ou como aínda hoxe é quen de muxir unha vaca (e de identificar, só ao velas, as persoas que saben facelo), o admirado Herzog revélase, ademais, insuperabelmente próximo para alguén da Terra Chá.

Martin Pawley. Publicado orixinalmente no Nós Diario, 14 de maio de 2024, terza feira.

mércores, 1 de maio de 2024

La belleza no puede ser un privilegio

Michèle Petit formula en Somos animales poéticos un sugestivo elogio del deseo de placer y conocimiento.

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Antropóloga e investigadora honoraria del Centro Nacional para la Investigación Científica de Francia, Michèle Petit lleva treinta años trabajando sobre el papel de los libros y la lectura en la sociedad, en particular en comunidades víctimas de conflictos armados, migraciones forzosas, pobreza y exclusión social o cualquier otra forma de violencia. Kalandraka acaba de publicar, en español y en gallego, Los libros y la belleza. Somos animales poéticos, en el que reflexiona sobre «la necesidad fundamental que tienen los humanos de que la belleza coincida con su entorno, y el derecho de cada uno de nosotros de acceder a ella» porque «somos seres de deseo, no solo de necesidades». También de la posibilidad que la belleza tiene de surgir como respuesta al horror, la pena y las preocupaciones, pues aporta dulzura y paz y permite «recuperar la fantasía, pero también darles forma y sentido a acontecimientos sin sentido, pensar lo impensable en vez de ser su prisionero para siempre». La autora muestra su inquietud por como en nuestras sociedades «la belleza es una cuestión para especialistas, o se muestra como un privilegio de las personas acomodadas y se reduce al arte de la exhibición». O lo que es lo mismo, como se confina, a menudo, en recintos cerrados e inaccesibles para buena parte de la población, o lugares abiertos pero igualmente inaccesibles por distantes, da igual que se trate de un museo o de espacios naturales más o menos vírgenes que acaban siendo visitas de lujo de las que presumen en redes sociales quienes pueden disfrutar de ellas.

Pero la belleza no puede tener dueño ni arrendatario. Antes por el contrario, debe compartirse, como apunta una cita del escritor brasileño Bartolomeu Campos de Queirós que se reproduce en el libro: «cuando nos encontramos con la belleza, es extremadamente triste estar solo». Me reconozco en esa frase tan simple y a la vez tan honda. Reconozco mi deseo, seguramente mi necesidad, de intentar que las personas que quiero conozcan y experimenten las creaciones y las vivencias que me inspiran y transforman, esas en las que encuentro el gozo inefable de la revelación y el placer espiritual y físico fruto de la hermosura y la gracia.

Michèle Petit admite que hay motivos suficientes para la preocupación por el futuro. Mientras escribía aquellas páginas, el entonces presidente de Brasil Jair Bolsonaro planteaba abiertamente la explotación (aún más) salvaje de la selva amazónica, con talas diarias de hasta cuatrocientos mil árboles, y la prensa daba cuenta de proyectos desquiciados para hacer del cielo nocturno una pantalla para anuncios publicitarios o lanzar al espacio una suerte de «luna artificial» que iluminase las noches de la ciudad china de Chengdu. «Adiós a las noches en que les mostrábamos a los niños la Osa Mayor, Orión o la Cruz del Sur mientras les contábamos mitos», lamenta. Pero no, no podemos consentir que el cielo tenga dueño: el firmamento es un bien común irrenunciable. Quien lo conoce sabe, además, que el paisaje de la noche resulta aún más bello en buena compañía.

Martin Pawley. Artigo publicado na sección "La noche es necesaria" da Revista Astronomía, número 299, maio de 2024. 

xoves, 1 de febreiro de 2024

El silencio no nos protegerá

Chanda Prescod-Weinstein formula en El cosmos desordenado el derecho fundamental de todas las personas a conocer y amar el cielo nocturno.

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Poco después de llegar al Departamento de Física del Instituto de Tecnología de Massachusetts como posdoctoranda, la cosmóloga Chanda Prescod-Weinstein participó en una ronda de observaciones con los telescopios ópticos Magallanes del observatorio chileno de Las Campanas. Durante la estancia, el profesor Paul Schechter le explicó con detalle el funcionamiento de los equipos y la llevó a conocer otras instalaciones cercanas, menos modernas pero aún funcionales. Al finalizar el recorrido nocturno, Chanda contempló el cielo. En el desierto de Atacama, lejos de la contaminación lumínica, el firmamento se desplegó ante ella en toda su magnificencia. «Sigo, todavía hoy, sin encontrar las palabras con las que describir lo que presencié (...) Mientras estaba allí contemplando más puntos blancos de los que podía contar y esa bruma blanca que inspiró el nombre de la Vía Láctea –una combinación de gases iluminados y estrellas demasiado pequeñas para que nuestros ojos las distingan–, me sentí invadida de asombro, pero también de un profundo dolor.»

El dolor emana de su propia experiencia como niña negra que creció en Los Ángeles junto a una autopista y se sentía feliz cuando alcanzaba a reconocer apenas diez objetos en la noche. «Al final, pasé por dos titulaciones en astronomía, un doctorado en física y un año en la NASA sin hacerme una idea de cómo habrían visto el cielo mis antepasados», escribe. En el espléndido paisaje chileno fue consciente de que «muchos niños negros tenían negado el derecho de nacimiento, un derecho humano, a saber cómo era el cielo nocturno» y recordó que a quienes descienden de esclavos les es negado saber «cómo entendían y se relacionaban nuestros antepasados con el cielo nocturno al margen de la mirada blanca». Pero ese dolor es también un acicate para entender «por qué quienes pueden identificar sus comunidades indígenas natales luchan a menudo con tanto ahínco para proteger no solo su autonomía política sino su autonomía cultural».

El libro de Chanda Prescod-Weinstein El cosmos desordenado (Capitán Swing, 2023) es un monumento, uno de los ensayos más importantes publicados en los últimos años. Lo es por su firme voluntad de hablar de ciencia desde una posición explícitamente feminista, anticapitalista y anticolonialista, de enfrentarse a la «contradicción extraña» por la cual la ciencia consiste en hacer preguntas «siempre que no sean sobre los científicos y el modo en que se practica la ciencia». Es esa perspectiva política la que induce una cuestión decisiva: «¿qué condiciones necesitamos para que una niña negra de trece años y su madre, que la está criando sola, puedan ver el cielo nocturno lejos de luces artificiales sabiendo qué es lo que ven?» Qué condiciones sociales, económicas y educativas, qué relación con la tierra, qué divulgación científica. «Una física feminista negra exige que nos hagamos estas preguntas y que entendamos que hay toda una serie de estructuras de factura humana que interfieren con la contemplación del cielo nocturno no solo pasivamente, sino activa, agresivamente». El silencio, ya lo explicó la poeta y activista Audre Lorde, no nos protegerá.

Martin Pawley. Artigo publicado na sección "La noche es necesaria" da Revista Astronomía, número 296, febreiro de 2024.