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| Dos hombres contemplando la Luna (C. D. Friedrich) |
Un hermoso libro de Olivia Meehan editado en España por Blume, El arte de la naturaleza, examina la presencia de elementos del paisaje natural en creaciones artísticas de diferentes formatos, épocas y lugares. El volumen se estructura en tres grandes bloques, «Tierra» (árboles y plantas, campos, bosques, montañas o volcanes), «Agua» (mares, ríos, playas, glaciares y criaturas marinas, entre otros asuntos) y «Cielo», la sección a
la que me dirijo de inmediato. Agradezco mucho su respeto a la diversidad cultural, de manera que coexisten en una misma doble página un óleo de Tintoretto, El origen de la Vía Láctea, y Milŋiyauwuy (río de estrellas),
pintura sobre corteza fibrosa hecha con tierras de colores por Naminapu Maymuru-White, creadora de la nación
yolŋu del nordeste australiano. El capítulo dedicado a nuestra estrella nos lleva en el tiempo desde el carro solar de Trundholm, creado hace más de tres mil años, a la pintura abstracta contemporánea (Vuelo de la
libélula frente al sol de Joan Miró, El eclipse de Alma Thomas o Sin título (Rojo) de Mark Rothko), con parada en un códice del siglo XV, un grabado del XVII o un óleo de Claude Monet, Impresión, sol naciente. A la Luna y sus fases les prestaron atención los hermanos británicos Paul y John Nash, la japonesa Kawase Hasui o el ghanés El Anatsui, y mucho antes el alemán Caspar David Friedrich, que hizo al menos tres versiones de Dos hombres contemplando la Luna (...)
Martin Pawley. O artigo completo pode lerse na sección "La noche es necesaria" da Revista Astronomía, número 320, febreiro de 2025. As persoas subscritoras poden acceder á revista no seu sitio web.









