* * *
![]() |
| Imaxe de Marta Cortacans para a Agrupación Astronómica Coruñesa Ío |
«En la oscuridad de la noche, los beduinos se valían de diferentes elementos para orientarse», me cuenta el investigador saharaui Bahia Mahmud Awah, «una hoguera a gran distancia, el olor de la lumbre o el que deja el ganado cuando el viento sopla hacia la persona que viaja sola». En la inmensidad del desierto cualquier pista, por sutil que sea, puede ser decisiva para no perderse, pero además los beduinos, prosigue Bahia, sabían leer
el mapa del cielo. El pueblo saharaui, históricamente nómada, tenía en las estrellas una guía para encontrar el camino cierto y llegar a los pozos de agua o a los sitios con vegetación, y por eso idearon su propio sistema de constelaciones, de marcas en el cielo. Definió un calendario que divide el año en 28 periodos cuyo inicio viene fijado por la visión o no de una serie de estrellas o asterismos justo antes del amanecer y que se ajusta al año solar, así que los meses resultantes se corresponden bastante bien con los ciclos meteorológicos y los cambios en la naturaleza. También generó un valioso patrimonio cultural asociado al firmamento. En la región que la IAU denomina Orión los saharauis dibujan a Al-Mashbouh, el hombre que mató el dromedario del profeta Saleh y fue castigado por Alá crucificándolo entre las estrellas. Y al cúmulo abierto de las Pléyades lo llaman Thurayya y según la tradición cuando se ve por primera vez sobre el horizonte este antes de la salida del Sol comienza el calor, pero cuando asoma a la caída de la tarde empieza la temporada de frío, certificada por el dicho popular «dale a tu hijo una manta».
Todo ese patrimonio corre peligro. Marruecos le robó a la nación saharaui su territorio hace ya cincuenta años ante la inacción de la dictadura franquista (...)
Martin Pawley. O artigo completo pode lerse na sección "La noche es necesaria" da Revista Astronomía, número 321, marzo de 2025. As persoas subscritoras poden acceder á revista no seu sitio web.








