xoves, 1 de outubro de 2026

Para conocer la oscuridad

La muerte de Wendell Berry nos deja sin uno de los más brillantes pensadores contemporáneos.

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A comienzos de los 60 Wendell Berry estaba sólidamente instalado en el camino de una carrera literaria de éxito. Venía de completar sus estudios de lengua y literatura inglesa en la Universidad de Kentucky y un programa de escritura creativa, de publicar su primera novela, Nathan Coulter, y de obtener una beca Guggenheim que le permitió pasar una temporada en Francia e Italia. En 1962 le surgió la oportunidad de dar clases en la Universidad de Nueva York, así que antes de los 30 se encontraba con un buen trabajo en la capital cultural por excelencia, en el lugar donde supuestamente pasan las cosas. Dos años después, sin embargo, decidió abandonar ese puesto para asumir otro como profesor universitario en Kentucky, en el esta- do que lo vio nacer. Bajo el prisma ambicioso de la competición académica podía verse como un claro paso atrás y fueron muchos los que le advirtieron de que «no podía volver a casa», pero la decisión de Wendell era muy meditada: Kentucky era «un lugar que seguía amando y del que deseaba volver a formar parte».

Regresó para seguir siendo escritor pero también agricultor y granjero. Se asentó en las tierras que habían pertenecido a su familia para cultivarlas y criar animales y se convirtió en un referente del activismo medioambiental y de lo que hoy llamaríamos decrecimiento. La editorial Errata Naturae publicó justo antes de la pandemia una recopilación de sus artículos, El fuego del fin del mundo, que es uno de esos libros que conviene tener siempre cerca en busca de sabiduría, de elaboración precisa de los argumentos aderezada con toques de humor y la felicidad ante la belleza del mundo (...)

Martin Pawley. O artigo completo pode lerse na sección "La noche es necesaria" da Revista Astronomía, número 328, outubro de 2026. As persoas subscritoras poden acceder á revista no seu sitio web.

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