xoves, 10 de marzo de 2022

Xosé Garrido: a chamada do Sur

 por Miguel Castelo

A Coruña pasou a ser a súa residencia cando tiña seis anos. Un desprazamento migratorio de interior, decisión de moitas familias que procuran un mellor escenario para o progreso dos fillos. Nesta capital fixo os estudos de arquitecto técnico na EUAT (UDC). Viñera ao mundo en Monforte de Lemos (1968). mais a súa tez moura, o cabelo, e os ollos, tan grandes como escuros, facíano do norte de África. Faltáballe falar árabe ou hassanía para confirmar esta primeira suposición de quen o acababa de coñecer. Curiosa impresión porque Xosé era un namorado do Sahara, de Mauritania, do Tinduf, a onde foi máis dunha vez en misión cultural e humanitaria. Xosé non exerceu de aparellador pero os estudos realizados non foron en van porque os seus coñecementos na materia servíronlle para os xuntar cos de fotografía, a súa verdadeira vocación. O seu dominio da luz e o seu sentido do encadramento levárono así mesmo a oficiar de director de fotografía e operador nuns cantos proxectos cinematográficos dos seus compañeiros de promoción da EIS, onde tamén se titulara, funcións que por veces foron máis alá, ao ter que exercer ademais de realizador, aínda que por cabo non figurase nos títulos de crédito.

Culto, responsable e esixente co seu cometido, sufría co desleixo dos que, no traballo en equipo, non o eran. Observador atento, contrariábase coa traza que nos 80, 90 e primeiros 2000 estaban a adoptar algunhas derivas da actividade cultural autóctona. Con certa frecuencia manifestaba o seu desexo de cobrar distancia, de marchar. E acabou por facelo. Un día anunciou que ía botar un tempo en Córdoba, onde lle saíra un encargo, e alí afincou. Víno de improviso nalgunha das súas escasas e fuxidías visitas á casa familiar. Ignoro se con outros amigos fixo o mesmo. A súa separación da terra natal foi rotunda. Sen dúbida era máis feliz na patria hispana dos omeyas. Tanto nun sitio como noutro, Xosé Garrido (1968-2022) deixa unha heteroxénea chea de realizacións culturais: exposicións, comisariados, filmes, publicacións diversas... Cando o pasado luns, a primeira hora da tarde, recibín doutro bo amigo a triste noticia, fiquei pampo. Quedou a nova a me dar voltas na cabeza e dei en pensar que decidira ir a Ucraína... Sempre estamos procurar argumentos para xustificar a causa da morte. Mais, ao cabo, que máis ten. Descoñezo o motivo que acabou coa vida do amigo, pero cincuenta e catro anos é hoxe unha idade moi temperá para morrer. A vida adoita ser inxusta. E, ás veces, moi cruel.

martes, 1 de marzo de 2022

Primavera temprana, otoño tardío

La iluminación de la noche altera los ritmos propios de las especies vegetales.

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Una planta ocupa un lugar de privilegio en la historia de la cronobiología: la Mimosa pudica, conocida por su capacidad de replegar las hojas al mínimo roce. La mimosa muestra también un notable movimiento diurno de su follaje, que se presenta extendido mientras el Sol está en el cielo y se retrae en la oscuridad. En 1729 el francés Jean-Jacques d’Ortous De Mairan diseñó un experimento para estudiar hasta qué punto la mimosa respondía a los niveles de iluminación. Decidió poner un ejemplar en un recinto cerrado que no permitía la entrada de luz y observó, para su sorpresa, que a pesar de todo la planta seguía abriendo y cerrando sus hojas con la periodicidad habitual. De alguna forma la planta disponía de una suerte de «reloj interno» que le indicaba como actuar aún en ausencia de señales solares.

Fueron necesarios más de dos siglos (y un gran número de descubrimientos científicos) para que se consolidase como una rama fascinante de las ciencias naturales la cronobiología, el estudio de los fenómenos cíclicos y los marcadores de tiempo internos de los seres vivos y su influencia en las respuestas fisiológicas. Ese ritmo endógeno propio se reajusta mediante estímulos externos, entre los cuales el más importante es la alternancia día-noche. Pero si la luz y la oscuridad natural son una referencia para la puesta en hora de los organismos, parece evidente que la modificación de ese patrón provocada por la omnipresencia de la luz artificial debe suponer un problema para la vida, en general. Las investigaciones sobre contaminación lumínica así lo ponen de relieve de forma inequívoca, y eso sucede tanto con los animales –incluidos los humanos– como con el reino vegetal. Los ejemplos son muy diversos. La contaminación lumínica se relaciona con la brotación anticipada de los árboles en hasta siete días, según un estudio efectuado en el Reino Unido (French-Constant et al., 2016), o con retrasos de incluso tres semanas en el inicio de las adaptaciones otoñales y de varios días en la coloración y caída de las hojas, de acuerdo con una investigación desarrollada en Zvolen, Eslovaquia (Škvareninová et al., 2017). Estas alteraciones del calendario biológico que suenan a películas de Yasujiro Ozu (Primavera temprana, Otoño tardío) pueden tener impacto, excuso decirlo, en la polinización de estas plantas, casi siempre asociada a la participación de insectos, y la posterior dispersión de frutos (con semillas) que facilitaría su reproducción.

Imaxe tomada do artigo de Edward Bernard Matzke

Varias décadas antes, Edward Bernard Matzke, profesor del departamento de Botánica de la Universidad de Columbia, constató que árboles que habían perdido la mayoría de sus hojas mostraban aún algunas en las ramas próximas a las farolas de la calle; pasaba esto con álamos canadienses y plátanos occidentales, y también en otras especies, aunque de forma menos concluyente. Merece la pena leer su artículo, publicado en el número 23 del American Journal of Botany, de junio de 1936: The effect of street lights in delaying leaf-fall in certain trees.

Martin Pawley. Artigo publicado na sección «La noche es necesaria» da Revista Astronomía, nº 273, marzo de 2022.

martes, 1 de febreiro de 2022

La contaminación lumínica mata

En 2022 las campañas del World Migratory Bird Day estarán dedicadas a la contaminación lumínica por ser una «amenaza significativa» para las aves.

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Imaxe do web World Migratory Bird Day

«Como la mayor parte de los canarios, crecí viendo cómo las pardelas se deslumbraban por las luces y caían en los pueblos y las ciudades. Concretamente las fiestas de mi pueblo (Buenavista del Norte, Tenerife) coinciden con la salida de los pollos de las pardelas cenicientas a finales de octubre. Era típico estar allí en las fiestas, con la feria y la verbena, y ver a las pardelas volando sobre la plaza del pueblo y ver cómo aleteaban y aleteaban e iban perdiendo altura hasta que chocaban con algo, muchas veces con la iglesia que suele estar iluminada en esas ocasiones».

Así nos contaba hace unas semanas en el programa Con voz de Radiovoz el ahora profesor de la Universidad Autónoma de Madrid Airam Rodríguez el origen de su preocupación por la contaminación lumínica y su impacto en las aves marinas, que es el campo al que ha dedicado buena parte de sus investigaciones. Cuando los pollos de las pardelas se «independizan» salen de los nidos para dirigirse al mar; su primer vuelo lo realizan durante la noche y quedan, con frecuencia, confundidos por la luz de los núcleos urbanos. Cegados por su brillo, acaban colisionando con edificios o estructuras iluminadas y caen al suelo. Aún en el caso de que los ejemplares sobrevivan a ese impacto, quedan dañados y expuestos a otros riesgos: perros, gatos, atropellos de vehículos… Tenerife batió en 2021 su récord de rescate de crías de pardelas: 3351, de las cuales 3200 pudieron ser liberadas, según datos del Cabildo. Pero por valiosa que sea esta acción no deja de ser una medida paliativa mientras persista la causa de fondo, la pésima iluminación que acaba con la fauna silvestre.

Hay que perder el miedo a decirlo: la contaminación lumínica mata. Es un problema ambiental de primer orden en todo el planeta y en particular están muy estudiados los efectos sobre las aves migratorias. Además de los choques fatales con edificios, que se cuentan por millones, la desorientación que producen las marañas de luz con las que se cruzan las aves alarga sus viajes más allá de lo que sus cuerpos son capaces de soportar. Muchas mueren en el camino.

La contaminación lumínica es en 2022 el asunto central de las campañas del World Migratory Bird Day, que se celebra los segundos sábados de mayo y octubre. Será una buena oportunidad para concienciar sobre los daños irreparables en la naturaleza debidos al mal uso de la luz artificial y reivindicar las buenas prácticas, como las «Directrices sobre contaminación lumínica para la fauna silvestre» que adoptó en febrero de 2020 la Convención sobre las Especies Migratorias. Una lectura muy recomendable para alcaldes atolondrados. Puede consultarse el PDF en español aquí.

Martin Pawley. Artigo publicado na sección «La noche es necesaria» da Revista Astronomía, nº 272, febreiro de 2022.

venres, 7 de xaneiro de 2022

The 2021 Great Cinema Party

Después de la sequía, llega la abundancia. Si 2020 fue un año extraño en que lo difícil fue ver cine en sus condiciones naturales, 2021 se acercó más a la normalidad. Básicamente porque un año con Cannes es de por sí un año “normal”, sobre todo cuando se trata de un buen Cannes que congrega lo mejor que había sido seleccionado para 2020 con las películas surgidas en el último año. Entre ellas cabe destacar las dos películas que me parecen, de lejos, las más indiscutibles de la temporada: Drive My Car y Memoria. O Memoria y Drive My Car, pues me cuesta priorizar una sobre la otra (más allá de que Ryûsuke Hamaguchi, con otra gran película, Wheel of Fortune and Fantasy, me parezca el director del año). Vistas las dos en Cannes, en unas condiciones inmejorables (la “mejor pantalla del mundo”, un ambiente propicio para el deslumbramiento), su impacto creo que nunca podré volver a experimentarlo: la proyección cinematográfica es muchas veces eso, una experiencia irrepetible.

No recuerdo otro año en el que me haya resultado más fácil seleccionar a los 50 directores invitados (54, si contamos las parejas). Y no porque este año haya sido peor que otros, sino más bien porque, en buena medida, tenía muy claras mis películas favoritas. Y cuando digo favoritas tengo muy presente que las razones detrás de unas y otras son muy distintas, puede que incluso contradictorias, pues se trata de proponer una selección ecléctica, dispar, complementaria y representativa de todos los cines posibles. A estos 50 directores me gustaría añadir tres bonus tracks (y nunca mejor dicho), atendiendo a aspectos parciales que me interesan especialmente y que creo que son los que hacen las películas mejores (la música de The Power of the Dog) o más interesantes (las imágenes de archivo en The Velvet Underground y The Beatles: Get Back). 

ALMODÓVAR, Pedro: Madres paralelas 
ASILI, Ephraim: The Inheritance (2020)
BRESSANE, Júlio: Capitu e o Capítulo
CARAX, Leos: Annette
CHEANG, Soi: Limbo
DUCOURNAU, Julia: Titane
ELKABETZ, Shlomi: Cahiers Noirs I et II 
FAZENDEIRO, Maureen & GOMES, Miguel: Diários de Otsoga
FENDT, Ted: Outside Noise
GYLLENHAAL, Maggie: The Lost Daughter 
HALL, Rebecca: Passing 
HARA, Kazuo: Minamata Mandala (2020)
HARARI, Arthur: Onoda 
HOGG, Joanna: The Souvenir Part II 
HUEZO, Tatiana: Noche de fuego 
LAPID, Nadav: Ahed’s Knee
LICHTER, Peter & MÁTÉ, Boris: The Philosophy of Horror: A Symphony of Film Theory (2020)
LIN, Justin: F9: The Fast Saga
LOZNITSA, Sergei: Babi Yar. Context
MEZ, Sebastian: The Great Void
NACCACHE, Marion: Venice Beach, CA
PATIÑO, Lois & PIÑEIRO, Matías: Sycorax
PHILIPPE, Alexandre O.: The Taking
QUAINTANCE, Morgan: Surviving You, Always
ROCKWELL, Alexandre: Sweet Thing (2020)
RODRÍGUEZ, Ainhoa: Destello bravío
ROPERT, Axelle: Petite Solange
ROQUET, Clara: Libertad 
RUSSO, Kiro: El gran movimiento
SAÏTO, Daïchi: earthearthearth
SCIAMMA, Céline: Petite Maman
SHYAMALAN, M. Night: Old
TAMHANE, Chaitanya: The Disciple (2020)
TRUEBA, Jonás: Quién lo impide 
TSCHERKASSKY, Peter: Train Again 
VELEZ, Pacho: Searchers 
VERHOEVEN, Paul: Benedetta 
VERMETTE, Rhayne: Ste. Anne 
WAN, James: Malignant 
WINTER, C.W. & EDSTRÖM, Anders: The Works and Days (of Tayoko Shiojiri in the Shiotani Basin) (2020) 
WEERASETHAKUL, Apichatpong: Memoria 
ZÜRCHER, Ramon & Silvan: The Girl and the Spider

Bonus tracks musicales: The Power of the Dog (Jonny Greenwood/Jane Campion), The Velvet Underground (Andy Warhol, Jonas Mekas, Stan Brakhage et al./Todd Haynes), The Beatles: Get Back (Michael Lindsay-Hogg/Peter Jackson).

Jaime Pena
7 de enero de 2022

mércores, 5 de xaneiro de 2022

El nacimiento de otra nación

Veiled Aristocrats (Oscar Micheaux, 1932)
Bajo la denominación race films se recoge el conjunto de películas que desde el periodo mudo hasta la década de los cincuenta se produjeron en los Estados Unidos dirigidas a un público eminentemente afroamericano, en general con elencos mayoritaria o íntegramente afroamericanos y a veces también con directores negros detrás de las cámaras. Películas, es justo decirlo, con los elencos, los temas y los personajes que la gran industria ignoraba o utilizaba de forma muy anecdótica y, a menudo, obscena en lo ideológico. Que ya en la era pre-Hollywood una autora tan inteligente y audaz como la francesa Alice Guy dirigiese desde su productora The Solax Company, el mayor estudio de la época, el corto cómico A Fool and His Money (1912) con un reparto enteramente negro demuestra que delante de la pantalla había un público posible.

Puestos a fijar una fecha fundacional, el año que se señala como inicio de los race films es 1915. No es una elección arbitraria. A comienzos de ese año David Wark Griffith estrenaba El nacimiento de una nación, un descomunal éxito de taquilla tan celebrado por su brillante despliegue de recursos técnicos y narrativos como innegablemente racista ya para el espectador contemporáneo. Con su discurso favorable al Ku Klux Klan como fuerza preservadora de los ‘valores americanos’ y su retrato grotesco de la población negra como una colección de vagos y maleantes obsesionados con violar vírgenes blancas, en la línea de los más nefastos tópicos infelizmente aún no desaparecidos del todo del mapa, la película de Griffith generó controversia y protestas desde el primer momento pero en paralelo desató un ‘orgullo racista’ que motivó un nuevo apogeo del Klan, refundado en Atlanta en ese mismo año 1915 y que en menos de una década llegó a pasar con mucho del millón de seguidores. En ese contexto beligerante y criminal, los colectivos racializados intensifican su mensaje en favor de la igualdad y los derechos civiles al tiempo que se dotan de nuevas herramientas y medios para la difusión de su pensamiento y sus creaciones intelectuales (...)

Martin Pawley. Artigo completo publicado no número 162, de xaneiro de 2022, da revista Caimán Cuadernos de Cine.

sábado, 1 de xaneiro de 2022

¿Es este el gobierno que acabará con la noche?

El Gobierno de España inició el proceso para reformar la normativa de iluminación y las primeras señales son enormemente preocupantes.

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Iluminación de Nadal en Vigo, novembro de 2021. Imaxe: Martin Pawley.

En julio de 2021 el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo y el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico abrieron el segundo trámite de audiencia pública para el «Proyecto de Real Decreto que aprueba el Reglamento de ahorro y eficiencia energética y reducción de la contaminación lumínica de instalaciones de alumbrado exterior y sus instrucciones técnicas complementarias», el texto que reforma el aún vigente RD 1890/2008 que regula la iluminación pública. La normativa de 2008 nació caducada por no tener en cuenta la radical transformación que supondría la inminente llegada de las luces LED, así que hace varios años que se viene reclamando su profunda actualización.

La buena noticia del proyecto de real decreto (en lo sucesivo, PRD) presentado en verano por los dos ministerios es que el sintagma «contaminación lumínica» aparece ya en el título. La mala noticia es que el interés real por este problema no pasa de ahí, del título: el documento es calamitoso, deficiente en lo técnico y obsoleto en su enfoque. No solo no contribuye a la reducción de las emisiones de luz, sino que permite o directamente promueve la extensión de la superficie iluminada y en consecuencia de los efectos negativos de la luz artificial por la noche sin apenas control. Tal y como fue redactado, el PRD es un puro trampantojo que simula preocuparse por la contaminación lumínica pero realmente se convierte en una herramienta legal para justificar su crecimiento sin límite.

Felizmente, esta vez la comunidad astronómica no se quedó en silencio y no tardaron en aparecer respuestas contundentes. Yo mismo publiqué el 2 de septiembre en el blog de la Agrupación Astronómica Coruñesa Ío un comentario al PRD furioso y sarcástico, con la convicción de que el tiempo para la cortesía ya había finalizado (me consta que mi escrito surtió efecto y enfadó lo suficiente a quien tenía que enfadar). La Red Española de Estudios para la Contaminación Lumínica dio a conocer a final de mes un documento mucho más elaborado y exhaustivo que se postula, literalmente, como un proyecto de real decreto alternativo; puede consultarse en esta dirección: guaix.fis.ucm.es/reecl/node/108.

Fueron muchas las alegaciones presentadas por asociaciones y particulares contra un reglamento devastador para la naturaleza nocturna. En paralelo, un grupo de personas del ámbito de la investigación y el activismo desarrolló un intenso trabajo de contacto con representantes políticos de diferentes partidos para explicarles las legítimas razones de nuestra preocupación. Como resultado de estas acciones se presentaron en el Congreso de los Diputados diversas preguntas y proposiciones no de ley sobre contaminación lumínica. Lo que nos toca ahora es esperar a que el Gobierno mueva ficha. Las ministras Reyes Maroto y Teresa Ribera tienen que decidir si quieren ser responsables de la desaparición de la noche. El Gobierno de España debe decidir si en este campo quiere caminar en contra de la ciencia.

Martin Pawley. Artigo publicado na sección «La noche es necesaria» da Revista Astronomía, nº 271, xaneiro de 2022.

venres, 31 de decembro de 2021

Feliz 2022


Unha creación de Martin Pawley a partir de imaxes dun concerto de Raül Refree na Coruña, agosto de 2021, e sinais de radio VLF (fonte: NASA).

xoves, 30 de decembro de 2021

La Internacional Cinéfila 2021

Por orden alfabético:
 
AHED’S KNEE (Nadav Lapid)
ANNETTE (Leos Carax)
DRIVE MY CAR (Ryûsuke Hamaguchi)
MEMORIA (Apichatpong Weerasethakul)
STE ANNE (Rhayne Vermette)

¿Solo cinco? Es especialmente difícil en un año que en el fondo fueron dos, 2020 y 2021 a la vez. Llevo varios minutos escribiendo y borrando títulos. Necesito hacer sitio para Verhoeven, para Céline Sciamma. ¿De verdad no pueden ser siete?

Película nacional: Tomando por patria mi lengua, la película nacional que elijo es, sin duda, DIÁRIOS DE OTSOGA de Miguel Gomes y Maureen Fazendeiro.

Primera película: La gran ópera prima de 2021 es STE ANNE. Desconocía por completo la obra de Rhayne Vermette, para mí la cineasta revelación de este año.

Cineasta emergente: Me resulta difícil ponerle un marco temporal al adjetivo «emergente». ¿Cuántos años y cuántas películas debe tener una o un cineasta para dejar de serlo? Elijo a un amigo, el mejor cineasta portugués del futuro y uno de los más inteligentes del presente, Pedro Peralta, autor de tres cortos maravillosos que está preparando su primer largo. No tengo duda de que entre las películas que más me gustarán de la próxima década habrá alguna(s) suya(s).

UNA REFLEXIÓN (A MODO DE EPÍLOGO)

Hace unos días visité una vez más el Planetario de Pamplona, que en 2018 experimentó una reforma que mejoró de forma notabilísima la calidad de la proyección. Llenan la inmensa cúpula de 20 metros de diámetro dos proyectores 4K; la calidad de las imágenes es muy buena, pero es aún mejor la calidad de sonido, un sistema 13.1 con dos líneas de 6 altavoces a dos alturas, más otro adicional en el cénit (y otro para los graves). Las últimas producciones divulgativas del «Pamplonetario», como solemos llamarlo, hacen ya uso de ese potencial. Los sonidos pueden provenir de un sitio preciso de la cúpula, así que el resultado no es una masa plana, homogénea, sino que tiene volumen: hay cosas que suenan cerca del horizonte y cosas que suenan a gran altura. Es no ya el mejor planetario, sino la mejor sala de proyección que conozco, solo que tiene forma de semiesfera.

Las películas para planetario tienen en su mayoría un perfil didáctico, pues ese es su mercado principal. Desde hace unos años, muy pocos, las cámaras ofrecen la suficiente resolución como para llenar una cúpula de 600 metros cuadrados; no es preciso recurrir ya a las imágenes sintéticas, creadas en un computador. Pueden utilizarse fotografías, time-lapses y ahora ya incluso vídeo. Olvídense (definitivamente) del 3D: no hay experiencia inmersiva mejor que la de un planetario. Pero una pantalla curva es muy diferente de una pantalla plana y eso obliga a inventar otro lenguaje, algo per se fascinante. ¿Cómo mover la cámara sin que el resultado sea confuso, mareante, para el espectador? ¿Qué encuadres resultan hermosos en una cúpula y cuáles no? Hay que pensar las imágenes desde cero. Es un desafío para creadoras y creadores con talento; me sorprende que no haya cineastas que se lancen a «pensar» películas para planetarios. ¿Quién se anima?

Martin Pawley. Pode consultarse a votación completa e todas as listaxes e textos individuais no imprescindíbel sitio web do promotor da iniciativa, o crítico arxentino Roger Koza. 

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Anteriores votacións para La Internacional Cinéfila: 2020 | 2019 | 2018 | 2017 | 2016 | 2015 | 2014

mércores, 29 de decembro de 2021

Todo lo que el cielo permite. Cine y astronomía.

Son muchos los caminos posibles para analizar las relaciones entre el cine y la astronomía. En este artículo repasamos algunos fenómenos celestes que han aparecido en las películas.

Las armonías Werckmeister (Béla Tarr, 2000)

Estamos casi a medianoche en un bar decrépito. Valuska, el más joven de los presentes, es el rostro mismo de la inocencia, de la bondad frágil condenada a ser siempre víctima de los zarpazos del mal. Como todos los días, le piden que escenifique "un gran acontecimiento producido por el movimiento de los cuerpos celestes". Como todos los días, Valuska elige a los actores de su representación entre los clientes habituales del bar, a esa hora ya algo borrachos. Uno hará del Sol, otro será la Luna y un tercero interpretará el papel de la Tierra. El que encarna al Sol abre y cierra las manos simulando que emite rayos de luz. A su alrededor da vueltas la Tierra, y en torno de esta gira torpemente la Luna. Valuska declama un discurso hermoso e ingenuo: en un momento dado en el Sol asoma una pequeña mordedura que va creciendo poco a poco hasta llegar a ocultarlo por completo. El aire se enfría, el cielo se oscurece, aúllan los perros y los pájaros vuelan a sus nidos, confundidos y perplejos. Se hace el silencio. Todo lo que vive está quieto. Es un eclipse total.

Es la primera secuencia de una película repleta de momentos apabullantes, Las armonías Werckmeister, adaptación de un texto de László Krasznahorkai convertido en una obra maestra, otra más, por el cineasta húngaro Béla Tarr, uno de los creadores capitales del último medio siglo. Mi eclipse favorito del cine es una representación hecha con cuerpos del mayor fenómeno que podemos experimentar en nuestro planeta. Pero este artículo va en busca de fenómenos reales, no de simulaciones. Y el eclipse por excelencia del cine nos conduce a otra taberna, hace casi dos mil años.

Varias personas comparten mesa y risas. “La luz ha desaparecido”, dice alguien de repente. Una mujer, la actriz mexicana Katy Jurado, se levanta y afirma que nunca ha visto el cielo así de oscuro en mitad del día; aterrada, cierra las puertas. El siguiente plano muestra a un hombre en una cruz y, al fondo, el Sol que desaparece tras un disco negro. En otra estancia, otra mujer (Silvana Mangano, siempre espléndida) se muestra inquieta; su compañero, Anthony Quinn, se despereza toscamente recién salido del sueño y al abrir los ojos nota la falta de luz. No comprende lo que pasa, algo va mal, “todo está negro, negro como la muerte”. Ella responde a sus dudas: “hasta la luz nos abandona ahora que lo hemos asesinado”. Sale apresurado y constata que, en efecto, el día se ha hecho noche. Un Sol negro vierte su oscuridad sobre Jerusalén. Poco después, una vez demostrado el poder divino, la luz vuelve a asomar, triunfante, sobre las tinieblas. La escena corresponde a la película Barrabás, un clásico del cine épico religioso dirigido por Richard Fleischer. La singularidad es que el oscurecimiento es verdadero. El rodaje en Italia coincidió con el eclipse total de 1961 y el productor Dino de Laurentiis comprendió que no se podía perder esa oportunidad. La decisión final se tomó en vísperas del eclipse, para lo que se desplazó un equipo de 80 personas hasta Roccastrada, en la Toscana. Cabe imaginar la preocupación del director de fotografía, Aldo Tonti, ante tamaña responsabilidad, la de una filmación sin precedentes y sin repetición posible que además no había podido preparar debidamente. Un artículo de 1994 en la revista Astronomy explica que utilizó tres cámaras, una con un teleobjetivo para registrar el eclipse propiamente dicho, otra para hacer un primer plano sobre la cruz con una figura humana en silueta y una tercera para hacer un plano maestro con las tres cruces y un grupo de figurantes. Esta última trajo problemas de última hora. A pocos minutos de la totalidad, Tonti estaba preocupado con las refracciones ópticas y los halos provocados por la ocultación del Sol y decidió que era conveniente mover la cámara para que la luz incidiera directamente en el centro de la lente. “Eso inmediatamente eliminó los reflejos, pero me di cuenta de que los filtros reducirían mucho la intensidad de la imagen, así que arranqué los filtros, abrí el diafragma a f/4.0 y esperé”. El resultado final fue deslumbrante: no hay efecto especial que pueda superar eso.

No son pocas las películas con un eclipse en su trama, que casi siempre se resuelve con trucajes o imágenes de archivo. Hay uno al principio de 1280 almas de Bertrand Tavernier, que traslada una novela negra de Jim Thompson al Senegal de 1938: unos niños juegan al aire libre, el Sol se oculta y Philippe Noiret enciende una hoguera para que no pasen frío. Hay otro en una joya eslovaca de Stefan Uher, Slnko v sieti (El Sol en la red, 1963), un hito de las nuevas olas del este que nos recuerda que conviene revisar permanentemente la historia del cine en toda su diverdad. En la más reciente Dead Body Welcome (2013) el holandés Kees Brienen se vale de un trágico episodio personal: de viaje a la India para ver un eclipse con un amigo descubre al llegar que este ha fallecido. La película reconstruye esta experiencia desde la ficción; el viaje se convierte en una despedida al amigo muerto y en ese proceso un eclipse real cumple un papel elegíaco. La memoria de un ser querido se percibe también en Polly One y Polly Two, díptico experimental de Kevin Jerome Everson dedicado a su abuela Bertha, fallecida el día anterior al eclipse americano del verano de 2017. El interés del autor de Mansfield (Ohio, EEUU) por la textura de las imágenes en 16 mm del fenómeno se extiende a un tercer corto, Condor, filmado en la costa de Chile durante el eclipse de julio de 2019.

L. Cohen (James Benning, 2018)

Pocos creadores han utilizado tan bien el paisaje como el matemático reconvertido en cineasta James Benning (Milwaukee, EEUU). En sus películas más marcadamente contemplativas, obras tan fascinantes como 13 Lakes, Ten Skies o RR, extiende la duración del plano para constatar los delicados movimientos en la naturaleza y los cambios de luz y examinar el paisaje como función del tiempo. Fiel durante décadas al soporte fílmico, su salto en 2009 al vídeo de alta resolución le permitió jugar además con la manipulación digital para producir nuevas maravillas como Small Roads. Como era de esperar, no desaprovechó la oportunidad de grabar el eclipse de 2017 en una granja de Oregon en L. Cohen, 45 gloriosos minutos que revelan el placer de mirar y escuchar.

Artista visual mundialmente reconocida sobre todo por su trabajo en 16 mm, la inglesa Tacita Dean se propuso filmar el eclipse total de Sol del 11 de agosto de 1999 también en una granja. El día amaneció cubierto de nubes, así que la película final, Banewl, habla no tanto del encuentro entre la Luna y el Sol como de la experiencia de vivir ese encuentro en ese ambiente campestre, al ritmo plácido de las vacas que se adueñan de la pantalla mientras la luz cae. Los eclipses vuelven a estar presentes en dos trabajos posteriores pensados como instalaciones de museo,
Totality (2000) y Diamond Ring (2002).

El eclipse más largo del siglo XXI fue el del 22 de julio de 2009 y el estadounidense J. P. Sniadecki lo vivió en Shanghái, China, donde entonces vivía. Lo que quiso retratar el cineasta, antropólogo y profesor de documental en la Universidad Northwestern de Chicago no fue el fenómeno astronómico sino su efecto sobre un moderno (y colosal) entorno urbano. En The Yellow Bank la cámara se desliza por el río Huangpu, que separa el centro histórico de la ciudad del distrito financiero y comercial de Pudong, y observa como las luces artificiales de los edificios y las pantallas rompen el avance de la oscuridad natural.

The Yellow Bank (J. P. Sniadecki, 2010)

El ambiente humano que rodea a un eclipse alimenta un corto de 1999 del legendario Chris Marker, E-clip-se, y otro estrenado en 2019 de la francesa afincada en Lisboa Maureen Fazendeiro, Sol negro, con imágenes de una actividad pública durante un eclipse parcial en el Observatorio Astronómico de Lisboa. Añado un último eclipse también de 2019, el del corto Umbra de los alemanes Florian Fischer y Johannes Krell, que muestra además dos efectos ópticos: el Sol multiplicado en el suelo al atravesar sus rayos los huecos entre las hojas de los árboles, que actúan como una cámara oscura (el llamado “efecto pinhole”, del que también se valió Adele Horne en The Image World, de 2008); y un “espectro de Brocken”, la sombra agrandada de una persona proyectada sobre las nubes en dirección opuesta al Sol, grabado en la montaña que le da nombre.

Más estrellas que en el cielo 

Cualquier repaso a la presencia de objetos astronómicos en el cine estaría hoy incompleto sin considerar la monumental (y siempre en construcción) apuesta que es de Johann Lurf, que compila planos de cielos estrellados procedentes de multitud de películas. La primera versión, exhibida en 2017 en diversos festivales internacionales, duraba 99 minutos, pero como la intención del autor austríaco es seguir añadiendo más y más estrellas el corte actual va ya por 111 minutos. Más allá de su fascinante montaje, acaba ofreciendo un pasatiempo adicional para el (muy) cinéfilo: el de reconocer de qué película han salido algunos de esos cielos (y hay varios cientos para probar suerte).

Observando el cielo (Jeanne Liotta, 2007)

Cielos reales filmados con cámaras de 16 mm se agrupan en un corto bellísimo de Jeanne Liotta, Observando el Cielo (2007), que incorpora a su banda sonora grabaciones naturales de muy baja frecuencia de la magnetosfera. La curiosidad científica está muy viva en la obra del duo británico Semiconductor, Ruth Jarman y Joe Gerhardt, que a menudo han trabajado como artistas residentes en centros de investigación. Brilliant Noise (2006) emplea archivos de imágenes en bruto de diversos telescopios solares, técnica que repiten en Black Rain con datos de la pareja de satélites STEREO. En Heliocentric (2010) emplean la fotografía time-lapse y el seguimiento astronómico para registrar la trayectoria a lo largo de un día del Sol, siempre en el centro de la imagen. Bill Morrison (Chicago, EEUU) mezcla animaciones por ordenador con filmes primitivos para contraponer diferentes visiones del cielo en la sublime Just Ancient Loops (2012). 

El matrimonio formado por Charles y Ray Eames revolucionó el mobiliario y el diseño gráfico del siglo XX; su propia casa y estudio, la Eames House, se considera un hito de la arquitectura. Su desbordante creatividad llegó también al cine en forma tanto de películas didácticas, a veces asociadas a exposiciones, como de audaces proyectos multipantalla como el mítico Glimpses of the U.S.A., que mostraba un día en la vida americana en siete pantallas de nueve metros instaladas en una cúpula diseñada por Buckminster Fuller en un parque de Moscú. Sin duda, la película más justamente celebrada de los Eames es Potencias de Diez (1977), que conoció una primera versión en 1968, A Rough Sketch for a Proposed Film Dealing with the Powers of Ten and the Relative Size of Things in the Universe. La inspiración vino de un libro de 1957 de Kees Boek, Cosmic View: The Universe in 40 Jumps, que jugaba con los saltos de escala partiendo de una imagen inicial de una niña con un gato en brazos de la que nos vamos alejando poco a poco para llegar muy lejos en el universo, a escala macroscópica, y al interior de su cuerpo, a escala microscópica. Esa idea es la que desarrollan los Eames en esa primera versión de 8 minutos, depurada después en la sensacional Powers of Ten: A Film Dealing with the Relative Size of Things in the Universe and the Effect of Adding Another Zero, con la voz del profesor de física del MIT Philip Morrison como guía que nos lleva, de cero en cero, primero hasta unha distancia de 10^24 metros para adentrarse luego en lo más profundo de la materia y acabar con un protón que llena la escena, un viaje entre dimensiones que difieren en un factor 40. La música la ponía Elmer Bernstein, cuyas geniales composiciones contribuyeron a hacer inolvidables películas como Los siete magníficos o Matar a un ruiseñor.
 
Una representación de nuestro barrio más cercano la ponen en marcha Wylie Overstreet y Alex Gorosh en una maravilla de 2015, To Scale, en la que simulan el sistema solar a escala tanto de tamaños como de distancias en un lago seco de Nevada. Wylie y Alex nos sorprendieron en 2018 con un emocionante corto, A New View of the Moon, que refleja muy bien las reacciones de la gente al mirar la Luna por telescopio en las calles de Los Angeles. Lunas en el cine hay miles, pero es menos habitual que la veamos grabada a través de un buen telescopio como hace Lois Patiño en Lúa Vermella (2020) con la colaboración de Loli Lusquiños e Igor Piñeiro, de la Asociación Sirio de Pontevedra. Las imágenes obtenidas en el observatorio de Cotobade añaden una capa fantástica más a la investigación, habitual del director, de como se conforma la identidad cultural a través del paisaje y los mitos. 

Palma de Oro en el Festival de Cannes de 2011, El árbol de la vida de Terrence Malick fragmenta lo que podría ser un drama de familia convencional para captar la poesía de momentos fugaces como legítimo heredero, dentro de los esquemas de un cine aún narrativo, de una larga tradición espiritual del cine experimental americano, con figuras emblemáticas como Stan Brakhage -si hay una película que merece ser calificada de cósmica, esa es Dog Star Man- o el aún en activo Nathaniel Dorsky. En su camino de aceptación de la muerte como fin inevitable, el cineasta se remonta al origen del universo y de la vida en un bloque canónicamente científico. No extraña, entonces, que en sus fotogramas aparezca la nebulosa de la Cabeza de Caballo, la nebulosa de la Hélice o la galaxia del Sombrero. Otras galaxias, en concreto el quinteto de Stephan, inspiraron las formas de los ángeles en amable conversación al principio del clásico ¡Qué bello es vivir! (1946) de Frank Capra, que, por cierto, acabó dirigiendo varios documentales científicos en los años 50. La imaginería astronómica es un elemento central en obras como Allures, Re-entry o Epilogue de Jordan Belson, a quien se le deben también trabajos precursores de intervención artística en planetarios.

Fotogramas de Epilogue (Jordan Belson, 2005)

Para su película Le Rayon Vert (1986) Eric Rohmer quiso contar, por supuesto, con un rayo verde, de lo que se encargó el cámara Philippe Demard y su asistente Florent Montcouquiol: captaron el destello en un acantilado en Tenerife, entre los lugares de Puerto Rico y Mogán. Tacita Dean encontró su rayo verde (The Green Ray, 2001) en la costa oeste de Madagascar. Otra clase de elusivo fenómeno, las auroras boreales, son el objeto de un documental del canadiense Peter Mettler, Picture of Light (1994), que cumple satisfactoriamente el desafío de plasmar en película de 35 mm las fantasmagorías producidas por las eyecciones de material solar al llegar a la atmósfera terrestre.

Picture of light (Peter Mettler, 1994)

Finalizo este repaso a la astronomía en el cine con el recuerdo de Nancy Holt, pionera del land art a la que le dedicó un foco en marzo el Festival Internacional de Cine Documental de Pamplona “Punto de Vista”. Su instalación “Sun Tunnels” sitúa en un desierto de Utah cuatro grandes cilindros de acero y hormigón dispuestos en cruz de modo que enmarcan la salida y la puesta de Sol en los solsticios de verano e invierno. Los tubos tienen, además, agujeros perforados por los que entra la luz para dibujar, en su interior, las constelaciones del Dragón, la Paloma, Perseo y Capricornio. El proceso de preparación de esta obra está documentado en un interesantísimo corto homónimo, Sun Tunnels (1978). 

Martin Pawley. Artigo publicado no número de abril de 2021 (262) da revista Astronomía. En paralelo o mesmo mes a revista Caimán Cuadernos de Cine publicou estoutro artigo sobre as orixes astronómicas do cinema: "Un revólver apuntando al Sol"

mércores, 1 de decembro de 2021

El momento es ahora

La contaminación lumínica estuvo muy presente en el programa del XXIV Congreso Estatal de Astronomía.

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De esquerda a dereita, Enric Marco, Raul C. Lima, Anna Almécija e Salva Bará

Gracias al apoyo de Cel Fosc, la contaminación lumínica centró de forma monográfica una sesión plenaria del XXIV CEA, que se celebró en A Coruña del 9 al 12 de octubre de 2021. Abrió dicha sesión el profesor de la Universidad de Santiago de Compostela Salva Bará recordando que la luz artificial es un invento genial, pero también un agente contaminante (y no una mera molestia para la astronomía). Todas las instalaciones, incluso las mejores, contaminan: en una hipotética instalación de alumbrado exterior perfecta, por cada fotón que se refleja en las superficies y es recogido por nuestro sistema visual hay más de 16 000 000 de fotones que se pierden hacia la atmósfera y el entorno. Mejorar las instalaciones individuales no es suficiente, pues el impacto sobre las personas y la naturaleza depende de las emisiones totales de luz, de modo que no hay otra solución que poner límite a esas emisiones totales. Salva insistió en que no es inevitable que el cielo brille lo que brilla, ni en la ciudad ni en el rural, y que la pérdida actual del cielo es reversible: «es una cuestión política, no tecnológica. El solucionismo tecnológico no nos va a devolver la noche. Hay que decir basta en algún momento».

La criminóloga, jurista y experta en seguridad Anna Almécija desmintió la injustificable asociación entre iluminación y seguridad, que ya expuso en un libro de 1961 la teórica del urbanismo Jane Jacobs al afirmar que «los horribles crímenes públicos pueden ocurrir, y de hecho ocurren, en estaciones de metro bien iluminadas cuando no hay ojos eficaces». La prevención del delito pasa por crear estrategias que reduzcan tanto la oportunidad de la delincuencia como el propio miedo a la delincuencia en los asentamientos urbanos al actuar sobre las variables ambientales, introduciendo además la perspectiva de género. Frente al uso de la luz como solución equivocada para problemas de seguridad que tienen otras causas, el diseño de espacios seguros debe favorecer una buena señalización y visibilidad, la concurrencia de personas («ver y ser visto, oír y ser oído»), la existencia de sistemas eficaces de vigilancia formal y acceso a la ayuda, una buena planificación y mantenimiento de los espacios públicos y –fundamental– la participación de la comunidad.

Por último, Raul Cerveira Lima, profesor e investigador de la Escola Superior de Saúde del Instituto Politécnico do Porto, retrató la situación de la contaminación lumínica en Portugal, insistiendo en que es preciso que aceptemos la oscuridad como una parte intrínseca de la naturaleza. La opción por defecto debe ser «no iluminar», de forma que haya que justificar el porqué de cualquier instalación de luz, pública o privada, y que esta funcione siempre bajo principios de mínima iluminación. Debe establecerse, además, una política de líneas rojas que marque valores límite para la alteración de la noche y exija, en su caso, los correspondientes planes de recuperación.

Martin Pawley. Artigo publicado na sección «La noche es necesaria» da Revista Astronomía, nº 270, decembro de 2021.