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mércores, 1 de decembro de 2021

El momento es ahora

La contaminación lumínica estuvo muy presente en el programa del XXIV Congreso Estatal de Astronomía.

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De esquerda a dereita, Enric Marco, Raul C. Lima, Anna Almécija e Salva Bará

Gracias al apoyo de Cel Fosc, la contaminación lumínica centró de forma monográfica una sesión plenaria del XXIV CEA, que se celebró en A Coruña del 9 al 12 de octubre de 2021. Abrió dicha sesión el profesor de la Universidad de Santiago de Compostela Salva Bará recordando que la luz artificial es un invento genial, pero también un agente contaminante (y no una mera molestia para la astronomía). Todas las instalaciones, incluso las mejores, contaminan: en una hipotética instalación de alumbrado exterior perfecta, por cada fotón que se refleja en las superficies y es recogido por nuestro sistema visual hay más de 16 000 000 de fotones que se pierden hacia la atmósfera y el entorno. Mejorar las instalaciones individuales no es suficiente, pues el impacto sobre las personas y la naturaleza depende de las emisiones totales de luz, de modo que no hay otra solución que poner límite a esas emisiones totales. Salva insistió en que no es inevitable que el cielo brille lo que brilla, ni en la ciudad ni en el rural, y que la pérdida actual del cielo es reversible: «es una cuestión política, no tecnológica. El solucionismo tecnológico no nos va a devolver la noche. Hay que decir basta en algún momento».

La criminóloga, jurista y experta en seguridad Anna Almécija desmintió la injustificable asociación entre iluminación y seguridad, que ya expuso en un libro de 1961 la teórica del urbanismo Jane Jacobs al afirmar que «los horribles crímenes públicos pueden ocurrir, y de hecho ocurren, en estaciones de metro bien iluminadas cuando no hay ojos eficaces». La prevención del delito pasa por crear estrategias que reduzcan tanto la oportunidad de la delincuencia como el propio miedo a la delincuencia en los asentamientos urbanos al actuar sobre las variables ambientales, introduciendo además la perspectiva de género. Frente al uso de la luz como solución equivocada para problemas de seguridad que tienen otras causas, el diseño de espacios seguros debe favorecer una buena señalización y visibilidad, la concurrencia de personas («ver y ser visto, oír y ser oído»), la existencia de sistemas eficaces de vigilancia formal y acceso a la ayuda, una buena planificación y mantenimiento de los espacios públicos y –fundamental– la participación de la comunidad.

Por último, Raul Cerveira Lima, profesor e investigador de la Escola Superior de Saúde del Instituto Politécnico do Porto, retrató la situación de la contaminación lumínica en Portugal, insistiendo en que es preciso que aceptemos la oscuridad como una parte intrínseca de la naturaleza. La opción por defecto debe ser «no iluminar», de forma que haya que justificar el porqué de cualquier instalación de luz, pública o privada, y que esta funcione siempre bajo principios de mínima iluminación. Debe establecerse, además, una política de líneas rojas que marque valores límite para la alteración de la noche y exija, en su caso, los correspondientes planes de recuperación.

Martin Pawley. Artigo publicado na sección «La noche es necesaria» da Revista Astronomía, nº 270, decembro de 2021.

martes, 1 de setembro de 2020

En un espacio solitario nadie puede oír tus gritos

La inseguridad ciudadana es un problema complejo que no se resuelve de forma mágica poniendo más farolas.

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Outrage (Ida Lupino, 1950)
Anna Almécija es criminóloga, jurista y experta en seguridad. En los últimos años su trabajo y su preocupación se ha centrado, como técnica y como formadora, en la gestión de riesgos y la seguridad de grandes eventos públicos. Introducir la perspectiva de género en la planificación de la seguridad es uno de sus empeños más tenaces, con la violencia sexual como enemigo a combatir en particular en los entornos de ocio, no solo por las conductas inapropiadas tan comunes en ellos, como los tocamientos o los comentarios groseros, sino porque son sitios propicios para la captación de personas en situación de desvalimiento, bien sea por el consumo de alcohol u otras substancias o porque han perdido entre la multitud a sus acompañantes o herramientas esenciales para la vuelta a casa, desde un bolso con la cartera y las llaves al a veces salvador teléfono móvil.

Anna es, además, una entusiasta activista contra la contaminación lumínica. Por su perfil académico y profesional conviene prestar mucha atención a sus razonadas críticas hacia el uso de la luz como solución mágica a la criminalidad, a menudo con una supuesta defensa de las mujeres como justificación. Es frecuente, por ejemplo, que en las marchas exploratorias que identifican puntos peligrosos en las ciudades se señalen aquellos cuyos niveles de iluminación no son desmedidamente altos. Pero poner más luz, nos recuerda Anna, no solo no evita per se el delito, sino que incluso puede favorecerlo al crear una falsa sensación de seguridad que hace que «bajemos la guardia». De poco nos servirá una farola encendida en un lugar en el que estamos completamente desamparados, sin nadie a cientos de metros, o incluso a kilómetros, que pueda proporcionarnos ayuda.

La seguridad real, no la sensación de seguridad, pasa por «crear comunidad», por establecer medidas que de hecho faciliten que si pasa algo haya alguna posibilidad de recibir auxilio. No será una farola la que nos proteja, sino tener un transporte público seguro también de noche, o los servicios de acompañamiento a casa durante las fiestas que se han demostrado muy útiles en diversos pueblos, o los puntos de atención por medio de interfonos que permiten un contacto directo con la policía en caso de necesidad. En sus conferencias, Anna revisa varios de los asesinatos y agresiones sexuales que más han ocupado la atención de la prensa española en los últimos años para concluir que la oscuridad no ha sido en ellos una circunstancia para tener en cuenta. Se cometen crímenes de día y de noche y la mayoría suceden en lugares sobradamente iluminados; de hecho, si la luz fuese un factor atenuante, las grandes ciudades serían espacios libres de delito cuando sucede todo lo contrario. «No es la noche, no es la oscuridad; el problema del horario nocturno es más bien la vulnerabilidad que te crea la soledad», afirma en su muy recomendable blog seguridadenentornosdeocio.com.

Martin Pawley. Artigo publicado na sección «La noche es necesaria» da Revista Astronomía, nº 255, setembro de 2020.