Amosando publicacións coa etiqueta Jan Budař. Amosar todas as publicacións
Amosando publicacións coa etiqueta Jan Budař. Amosar todas as publicacións

xoves, 24 de abril de 2025

El idioma como movimiento. Entrevista con Jan Budař.

Jan Budař. Fotografía: Lenka Hatašová
Una de las revelaciones de la película de Javier Rebollo La mujer sin piano fue la actuación de Jan Budař, que acompañaba de Carmen Machi en su fascinante deambular nocturno por Madrid. El actor checo repitió con Rebollo en En la alcoba del sultán, que se estrenó mundialmente en la SEMINCI de 2024. Del paso de Jan por Valladolid nace esta breve entrevista. 

Martin Pawley (MP): ¿Cuándo fuiste consciente de que te gustaba actuar? Dedicarte a la interpretación, ¿fue una decisión difícil?
Jan Budař (JB): Cuando tenía catorce años vi la película Rain Man y me encantó la actuación de Dustin Hoffman; tanto que pensé "ser actor podría ser un camino interesante". Nadie en mi familia era actor, así que fue una gran sorpresa para todos. La decisión no fue difícil, la vida de un actor a veces sí lo es un poco [se ríe]. 

MP: Tu interpretación tiene una componente muy física; encajas en una estirpe en la que la comedia tiene elementos muy asociados al cuerpo, al movimiento, al gesto y a la acción física, pero no desde el exceso, sino desde la contención. Me hace pensar en la tradición francesa de Jacques Tati o Pierre Etaix o, por supuesto, en figuras del cine mudo como Buster Keaton. 
JB: Ellos son mis héroes y me siento muy honrado de que digas eso, muchas gracias. El cuerpo es un medio de expresión absolutamente esencial para un actor (aparte de la voz) y yo disfruto muchísimo trabajando con el cuerpo cuando interpreto un papel. Busco su carácter, sus movimientos y su postura a través de mi cuerpo. Por eso también entreno con especialistas, para poder trabajar lo mejor posible con mi cuerpo.

MP: Los dos personajes que encarnas en las películas de Javier Rebollo comparten esa misma comicidad física, pero al mismo tiempo son muy diferentes, el de La mujer sin piano más silencioso y contenido, "más Kaurismäki", y el de En la alcoba del sultán "más Tintín". En los dos casos asumes, además, el desafío de trabajar con naturalidad en un idioma que no es el tuyo (español e inglés, respectivamente). 
JB: Hablar un idioma también es un movimiento: un movimiento de la boca, de las manos, de la cara. Cuando aprendo un idioma extranjero, lo percibo con mis oídos pero más aún con mi cuerpo. Un idioma diferente le da a una persona una personalidad diferente y eso es fascinante. En En la alcoba del sultán tuve que aprender algunas frases en árabe, y eso fue un verdadero desafío. 

MP: Algunos de tus personajes más emblemáticos tienen cierta carga de inocencia o de ingenuidad, como el de La mujer sin piano, pero también en películas que has escrito, como Nuda v Brne. (Vladimír Morávek, 2003). ¿Qué te atrae de esos personajes?
JB: No sé, tal vez mi sensible alma de artista [se ríe]. Radek de La mujer sin piano tiene síndrome de Asperger y Standa de Nuda v Brně tiene una disfunción cerebral leve, y esta clase de personajes son un regalo para el actor. 

Carmen Machi y Jan Budař en La mujer sin piano

MP: El hecho de que hayas escrito y dirigido películas tú mismo, ¿ha cambiado tu forma de trabajar como actor en películas de otros cineastas? ¿Ha cambiado la forma en la que te enfrentas a un rodaje, te ha hecho más comprensivo con los otros oficios del cine o con las dudas y preocupaciones que puede tener un actor? 
JB: Sí, eso cambió enormemente mi visión de mí mismo como actor: ahora tengo mucho más respeto por cada persona en el set. El sentido de importancia que a veces tenemos los actores ha desaparecido por completo y me quedé con el amor por el cine y la gratitud cada vez que puedo contribuir a la creación de una película. El hecho de que sea algo más que un simple actor me da una estabilidad importante en mi vida.

MP: Tu primer largometraje de ficción, Princ Mamánek, es una película dirigida a un público familiar y con elementos de fantasía, lo cual es una decisión curiosa, no muy frecuente entre actores que se lanzan a dirigir. ¿Cómo surgió la idea de hacer esta película?
JB: Me gustan los cuentos de hadas, son atemporales y todavía resultan nuevos para las nuevas generaciones de niños. Un príncipe de mamá es una película de bajo presupuesto, como debutante ni siquiera podía permitirme otra cosa. La idea surgió cuando visité Dětenice (República Checa), donde hay un castillo y una taberna medieval, y acordé con el propietario que allí podríamos rodar un cuento de hadas.

MP: Has hecho bastante cine y televisión. ¿Te gusta el teatro, te apetece hacer más teatro, o prefieres enfrentarte a una cámara?
JB: Disfruto más de un rodaje porque suelen suceder en lugares interesantes. Lo que más me gusta es cuando trabajo en países en los que nunca he estado antes.

MP: ¿Cuáles son tus principales referentes entre los actores y actrices de cine?¿Podrías citar algunas de tus películas y cineastas favoritos?
JB: Hay tantos actores y actrices que admiro... Dustin Hoffman, Charles Chaplin, Buster Keaton, Meryl Streep, Cate Blanchet, Jean Paul Belmondo… la lista podría seguir y seguir (se ríe). Lo mismo con los directores: Javier Rebollo, Jean Luc Godard, Christopher Nolan, Martin Scorsese, Steven Spielberg, Jan Svěrák, Miloš Forman, Jan Němec, Karel Zeman, Charles Chaplin o Orson Welles, entre otros…

MP: ¿Qué opinas del cine de tu país, en el pasado y en el presente?
JB: Tenemos muchas películas y cineastas excelentes, pero tengo la sensación de que la cinematografía checa actual está un poco estancada. Repite una especie de formato extraño de comedia sin humor con el afán de ganar dinero y eso es una pena. Aún así, en mi opinión en Chequia cada año surgen una o dos buenas películas.

Jan al piano. SEMINCI 2024. Imaxe: MP
MP: Eres también compositor y músico, tocas el piano y cantas. ¿En qué medida crees que la música complementa o transforma tu trabajo como actor?
JB: ¡Esta es una pregunta muy interesante! Creo que la música es el lenguaje de nuestra alma y el hecho de que puedo tocar el piano, cantar y componer música me da una sensación muy agradable de que también puedo expresarme en este idioma internacional que toda la gente entiende. La música también sigue enriqueciendo mi corazón y eso es muy valioso para mí como actor.

MP: Cuando haces conciertos o interpretas música ante un público, ¿entiendes que esa actuación tiene también un componente de interpretación teatral, de “transformación en un personaje” que es el Jan Budař músico, o lo ves como una faceta completamente diferente?
JB: Cantar y tocar el piano requieren muchas horas de práctica, por eso cuando tengo un concierto me centro de lleno en la técnica de cantar y tocar el piano, por lo que no llego a disfrutar plenamente del papel de músico, aunque me gustaría [se ríe].

Martin Pawley.

venres, 8 de novembro de 2024

Na alcoba do sultán

Félix Moati en En la alcoba del sultán

Unha figura fascinante do cinema primitivo é a do francés Gabriel Veyre, un mozo de vinte e cinco anos que, após rematar os seus estudos de Farmacia en Lyon, comezou a traballar en 1896 para os irmáns Lumière como operador de cámara. Tivo a encomenda de viaxar polo planeta adiante para obter panoramas de diferentes lugares e así foi que percorreu primeiro México, Cuba, Colombia, Venezuela e Panamá e despois Xapón, China e Indochina, onde fixo un celebrado plano, Le Village de Namo, pioneiro travelling artesanal feito sobre un carro atrás do cal corren as crianzas dunha vila. Á volta do novo século atendeu unha proposta inesperada, a do sultán de Marrocos Abd al-Aziz ben Hassan, que, interesado pola nova arte, o converteu no seu fotógrafo e cineasta oficial. Dese encontro xurdiu un libro, Dans l'intimité du sultan: Au Maroc, e un fogar definitivo para Gabriel, quen, activo até ao final, morreu en Casablanca en 1936.

Nos anos de Veyre ao servizo do monarca reparou Javier Rebollo para crear a súa cuarta longametraxe, a marabillosa En la alcoba del sultán. Nacido en Madrid en 1969, Rebollo é autor dunha das mellores películas españolas deste século, La mujer sin piano (2009), memorábel aventura urbana dunha muller casada –o mellor papel que fixo nunca Carmen Machi– que decide escapar da soidade e a rutina. No seu paseo (con perruca e maleta) por un Madrid nocturno cheo de atrancos atopará un peculiar inmigrante polaco (o checo Jan Budař), unha compañía efémera que é a porta a un mundo tan imposíbel como ilusionante. O seu ton "triste-alegre" reaparecía en El muerto y ser feliz (2012), que lle deu o premio Goya ao mellor actor a José Sacristán pola maxistral encarnación dun asasino a soldo e enfermo terminal que encontraba un camiño de redención nun filme que falaba da dor física e da alma mais tamén "do misterio da morte e o do seu contrario o amor", escribiu na altura o lembrado Xabier P. DoCampo.

E o amor é unha palabra clave. Rebollo non fai "filmes de amor", senón "filmes con amor", con amor e respecto polas imaxes, tamén polas persoas que axudan a crear esas imaxes e polas personaxes que saen na pantalla. Só así pode facerse, encarando dificultades sen fin, unha obra como En la alcoba del sultán. A tres días de comezar a rodaxe en Marrocos, con todo o equipo xa instalado e listo, recibiron unha comunicación das autoridades locais pola cal se cancelaban os permisos de filmación concedidos. Foi necesario reaccionar con urxencia para evitar o colapso. Foi preciso buscar novos escenarios, finalmente en Tunisia, e reescribir o guión para axustarse ao tempo que restaba dispoñíbel logo de asumir as semanas perdidas no tránsito dun lugar ao outro, dunha produción a outra. Houbo que dicir adeus aos luxosos palacios de Fez previstos para acomodarse nas máis austeras construcións do deserto tunisiano, que evocan por igual a Pasolini e A guerra das galaxias. Vendo o resultado final é tentador dicir que gañaron moito co cambio. Ese espazo intemporal achega unha capa máis de fantasía a unha película que é pura ficción, unha celebración da capacidade humana para inventar historias, da narración "que nos salva, como a Sherezade", explica Rebollo en conversa durante a Seminci, que acolleu a estrea mundial. "A novela é a morte; detrás do fin, cando se pasa a páxina, o relato fica pechado. Porén a narración, dá o mesmo unha narración oral galega ou unha árabe, nunca se acaba. Vai modificándose, vai cambiando; segundo quen a conta, cóntase dun xeito ou doutro. Unha narración está viva sempre e esta película contén multitude de narracións e variacións sobre a mesma narración".

Nesas variacións crúzanse os feitos reais e os nacidos da imaxinación, mais aquí a imaxinación non mente, antes polo contrario, reforza a verdade. O retrato de Gabriel Veyre, encarnado por un Félix Moati herdeiro da enerxía cómica dos xenios franceses do absurdo, de Jacques Tati a Pierre Étaix, non deixa de ser rigoroso por voar libremente lonxe do rexistro enciclopédico, por permitirse a fábula e o humor, por ser deliberadamente fragmentario mais, ao mesmo tempo, preguntarse con fondura o que pode haber (e o que non) dentro dun fotograma ou lanzar algunha retranqueira reflexión sobre os usos capitalistas dunha arte que se empeñou en ser industria. A cinefilia de Rebollo non cae na idolatría paralizante; o seu é un amor xeneroso e lúdico, unha mirada cariñosa e crítica máis interesada nas preguntas que nas respostas da que mana o torrente feliz de ideas que é este filme.

Martin Pawley. Publicado orixinalmente no Nós Diario o 8 de novembro de 2024, sexta feira. O artigo pode lerse en español no sitio web de Roger Koza "Con los ojos abiertos".