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luns, 1 de xaneiro de 2024

La contaminación lumínica contada a través del cine

La historia del cine nos regala ejemplos para reflexionar sobre los diversos impactos de la luz artificial por la noche.

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Once años antes de ser el director de La invasión de los ladrones de cuerpos (y veintiséis antes de Elseductor y Harry el sucio) Don Siegel debutó en 1945 con un fabuloso corto ganador de un Óscar, Star in the Night, un cuento laico de Navidad que hace una relectura contemporánea del mito del nacimiento de Cristo alrededor de la espontánea solidaridad humana ante situaciones que requieren ayuda urgente. La película comienza con tres peculiares Reyes Magos, un trío de vaqueros a caballo cargados de juguetes después de comprar el escaparate completo de un comercio con el fin de impresionar a la atractiva dependienta. En el medio del desierto ven una estrella muy brillante sobre el horizonte, una nunca vista hacia la cual deciden dirigirse, pero el siguiente plano nos descubre que la estrella es realmente una señal luminosa que acaba de instalarse en un humilde motel.

Fotograma de ¡Qué bello es vivir!
En los últimos años he impartido en varios lugares (Riba-roja de Túria, A Coruña y más recientemente en el Observatorio Astronómica de Santana, en las Azores) una charla sobre contaminación lumínica contada a través del cine, y por supuesto esta simpática escena está presente. Star in the Night es mi película navideña preferida junto, claro está, al clásico por excelencia, la siempre inagotable ¡Qué bello es vivir! de Frank Capra, un prodigio mucho más complejo de lo que algunas interpretaciones superficiales suelen apuntar. Empecé a utilizar ¡Qué bello es vivir! en mis charlas después de reparar, en mi enésimo visionado, en la diferente iluminación de la entrañable Bedford Falls respecto de la pesadillesca Pottersville, un lugar dominado por el capitalismo salvaje que comanda el siniestro banquero –disculpen el pleonasmo– Henry Potter (Lionel Barrymore) frente al esfuerzo colectivo y el apoyo mutuo que encarna George Bailey (James Stewart). Pottersville, un lugar diseñado para el ocio y no para la vida de la comunidad, está, cómo no, repleto de carteles luminosos para atraer a los turistas-polilla.

El cine ofrece muchos otros ejemplos para reflexionar sobre la contaminación lumínica. Para hablar de la luz como disruptor del sueño tenemos un maravilloso thriller hospitalario de la británica Muriel Box, Eyewitness. Ninguna secuencia mejor que la persecución y ataque a la protagonista de Outrage, obra maestra de Ida Lupino, para explicar cómo la luz artificial no es nunca garantía de seguridad. Está también la emoción, para toda la familia, de un apagón que permite ver de forma efímera el firmamento en la ciudad en Le père des mes enfants de Mia Hansen-Løve (y la sensación obvia de que te roban algo cuando la luz regresa). O la sabiduría aimara del abuelo de Miguel Hilari, cineasta boliviano, que cita en su documental El corral y el viento lo que aquel les contaba a sus hijos después de ir por primera vez a La Paz: «La ciudad es extraña. La ciudad brilla. Incluso de noche sigue brillando». El cine es, en suma, una herramienta más para combatir la contaminante fotofilia típica de los cargos políticos más insensatos.

Martin Pawley. Artigo publicado na sección "La noche es necesaria" da Revista Astronomía, número 295, xaneiro de 2024. Pode visitarse aquí unha listaxe de reprodución en Youtube con fragmentos de filmes que permiten falar ou pensar sobre a contaminación luminosa. 

martes, 25 de decembro de 2018

Estrela na noite

Un dos contos de Nadal máis fermosos do cinema americano é Star in the Night, unha alfaia de 21 minutos dirixida por Don Siegel e gañadora dun Oscar en 1945. Un conto laico sen máis milagres que a paz, a fraternidade e o amor. Que teñades unhas boas festas!


Subtítulos en galego: Martin Pawley

sábado, 11 de decembro de 2010

Don Siegel, o cineasta montador

Membro da chamada “xeración da violencia”, grupo de directores estadounidenses (Aldrich, Fleischer, Fuller, Ray, Brooks, Mann) que se incorporan ao cine nos anos 40-50 con certos nexos temáticos e estilísticos, Don Siegel (1912-1991) foi autor de títulos crus e intensos tan destacados como La invasión de los ladrones de cuerpos (1956), Brigada homicida (1968), Harry el sucio (1971), La gran estafa (1973) ou Fuga de Alcatraz (1979).

Tal e como dixo Peter Bogdanovich, Siegel, intelectual instalado nun mundo de acción, era (auto)consciente dos seus recursos. Comezou na serie B para reinventarse –dinamitando desde dentro as esencias do cine de xénero– marcando para sempre, por exemplo, a xentes como Clint Eastwood.

O Festival de Cine de San Sebastián, en colaboración con Filmoteca Española, segue co seu repaso –bilingüe: español-inglés– de cineastas antolóxicos non tan susceptibles de estudio. Unha ampla selección de títulos e colaboradores –firmas próximas a Dirigido e Cahiers du Cinema España, coordinación de Quim Casas e Ana Cristina Iriarte– permite incluso achegarnos a traballos como The big steal (1949), Riot in cell block 11 (1954) ou Código del hampa (1964), obras nas que Siegel axuda á renovación da linguaxe fílmica mediante un elaborado cuestionamento e superación dos paradigmas narrativos e temáticos clásicos anteriores.

Autor brillante, de narrativa fluída e contrastada enerxía, capaz de agudos retratos psicolóxicos, o libro suple a carencia de bibliografía española ao respecto ao tempo que adolece da falta de colaboradores estranxeiros na procura de aportar perspectivas distintas e máis enriquecedoras.

José Manuel Sande. Publicado en Xornal de Galicia o sábado 11 de decembro de 2010.