martes, 1 de outubro de 2024

Un viaje por la noche que no es noche

Un juego de mesa nos invita a conocer mejor los efectos negativos de la luz artificial en la naturaleza.

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Versión galega do taboleiro de xogo.
Annette Krop-Benesch es una cronobióloga alemana que durante años investigó el impacto de la luz sobre los patrones de actividad de los animales y en la actualidad ejerce como conferenciante y consultora sobre contaminación lumínica y el binomio «luz y salud». En colaboración con sus hijos Benjamin (de 10 años) y Viviane (de 8) creó hace unos meses un juego de mesa que explora el impacto ambiental de la luz artificial por la noche. A las versiones originales en inglés y alemán que preparó la propia Annette se sumaron, en pocas semanas, traducciones realizadas por personas voluntarias al francés, holandés, italiano y rumano, así como al castellano, catalán, euskera, gallego y portugués, todas ellas (y cuantas puedan aparecer) disponibles en el sitio web www.nachhaltig-beleuchten.de/blog/en/board-game-on-light-pollution como documentos PDF que contienen el tablero y las reglas del juego.

En la línea del clásico «juego de la oca», Un viaje por la noche iluminada nos hace avanzar según el número que obtengamos al lanzar un dado por un camino repleto de premios y castigos. A lo largo de las 142 casillas que separan la salida y la llegada nos encontramos con los diferentes efectos sobre la naturaleza de la contaminación lumínica. Así, casi al principio vemos como la luz de las farolas atrapa a las mariposas nocturnas de modo que estas no consiguen escapar de su influjo, un hecho que en el juego se representa con la imposibilidad de abandonar esa casilla mientras no se saque cierto valor en el dado. Lo mismo pasa más adelante con las pardelas, que pierden el rumbo en su primer vuelo hacia el océano por culpa de la iluminación costera. Gracias a las buenas prácticas de las ciudades que moderan su encendido nocturno para proteger las rutas migratorias de las aves, quien caiga en la casilla 17 se beneficiará de un generoso atajo, un recorte del recorrido que en otros momentos facilitará el avance de un murciélago o de una foca. Por el contrario, la desorientación que provocan las luces motiva innecesarios desvíos y retrocesos al caer en otras casillas, representadas por un puma asustado o un escarabajo pelotero que no encuentra la mejor ruta al no reconocer la Vía Láctea. La imposibilidad de disfrutar de un buen cielo nocturno por el brillo de fondo causado por ciudades a docenas o cientos de kilómetros nos obliga a perder un turno, igual que le pasa en otro punto del tablero a un sapo cegado por los faros de un coche. La luz artificial facilita que algunos animales puedan prolongar su tiempo de caza, pero el manual de instrucciones nos recuerda claramente que ese beneficio particular (que supone una ventaja también para quien juega) suele ser contraproducente para el conjunto del ecosistema. He aquí una manera lúdica, apta para toda la familia (y para usos escolares), de conocer mejor la inevitable huella ecológica de la luz artificial y, en consecuencia, entender por qué debemos reducir todo lo posible su utilización.

Martin Pawley. O artigo completo pode lerse na sección "La noche es necesaria" da Revista Astronomía, número 304, outubro de 2024.

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