Páxinas

luns, 1 de decembro de 2025

La noche más oscura

La magistral Anoche conquisté Tebas de Gabriel Azorín hace de la noche el más bello y emocionante escenario cinematográfico.

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Imaxe promocional do filme. Autor: Amador Lorenzo para DVEIN Films/Filmika Galaika/Bando à parte

En el último cuarto del primer siglo de nuestra era se estableció en Bande, provincia de Ourense, un campamento militar romano, Aquis Querquennis, que estuvo en uso no demasiado tiempo, apenas cincuenta años. Ocupaba una extensión de 2,5 hectáreas y debió albergar no menos de 500 legionarios; disponía, entre otras cosas, de un cuartel general, dos hórreos para almacenar alimentos, un hospital y varios barracones y letrinas para las tropas. La zona quedó anegada en 1949 por la construcción de un embalse y tuvieron que pasar casi tres décadas hasta el inicio de las excavaciones que permitieron una nueva puesta en valor del complejo. Próximo a él hay unas termas que sirvieron, ya en la época romana, de espacio de usos terapéuticos y de ocio. Durante algunos meses el nivel de agua del embalse deja las bañeras completamente sumergidas, pero cuando eso no sucede es posible utilizarlas a cualquier hora del día o de la noche.

Hace unos años descubrió el lugar gracias a una amiga el cineasta Gabriel Azorín (Hellín, Albacete, 1981). Se adentró en las cálidas aguas por la tarde pero se quedó allí hasta la madrugada para disfrutar del baño en un entorno sin luz artificial. Envuelto por el vapor y la oscuridad, el director sintió que la mirada se dirigía de manera natural hacia el firmamento, un paisaje repleto de estrellas desconocido en las ciudades. Supo de inmediato que algún día tendría que hacer en ese lugar una película. Regresó muchos meses después con dos personas amigas y colegas de creación, Carlos Pardo Ros y María Antón Cabot, con la idea de comprobar si aquella magia se mantenía y si era posible captarla a través de una cámara con alta sensibilidad. Al ver a unos chicos conversar relajadamente en una de las bañeras, comprendió que aquella misma estampa seguramente se había reproducido innumerables veces a lo largo de la historia. Si no fuera por los bañadores de diseños chillones y los teléfonos de última generación, aquellos jóvenes serían idénticos a cualesquiera otros que diez o veinte siglos atrás se habrían dejado acompañar por la placidez del agua y de la noche. 

Ese fue el germen de Anoche conquisté Tebas, una obra maestra sobre esa forma de amor que llamamos amistad, para mí el mejor film de 2025, uno de esos raros hitos instantáneos que marcan un antes y un después. Una película que refleja, en escenas de inmensa belleza y a través de diálogos conmovedores, dos instantes de ruptura, uno en el presente, otro hace dos mil años. Dos trances que exponen la tristeza de perder a aquellos a quienes queremos, el miedo a la soledad, a las ausencias que inevitablemente acaban marcando nuestras vidas. La calma y la negrura favorecen las confesiones, la manifestación sincera de los sentimientos. Anoche conquisté Tebas es, de hecho, una gran película sobre la noche, una que entiende que en ella podemos ver más lejos, que aprecia el esplendor del cielo nocturno. Una que respeta la oscuridad y va en busca de su belleza, de la acogedora intimidad que proporciona y los encuentros que alienta, de sus afectos y sus revelaciones.

Martin Pawley. Artigo publicado orixinalmente na sección "La noche es necesaria" da Revista Astronomía, número 318, decembro de 2025.

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