El
primer álbum en solitario del ilustrador Xosé Cobas explora en sus páginas las huellas del tiempo sobre una arquitectura de luces y sombras.
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Durante casi treinta años el escritor Xabier P. DoCampo y el ilustrador Xosé Cobas formaron una estable pareja artística que engrandeció la literatura infantil y juvenil. La imaginación de uno y otro se realimentaba mutuamente, las palabras influían sobre las imágenes y viceversa, y de esa colaboración nacieron obras mayores de la edición gallega como O libro das viaxes imaxinarias, Bolboretas o la obra final, O pintor cego, el último y bellísimo texto que nos dejó Xabier antes de morir. Un trabajo que Cobas ilustró venciendo el dolor
por el fallecimiento de su amigo, la orfandad creativa ante la pérdida de un maestro de las letras que era además un referente ético, un «diamante moral», como lo definió su editor durante muchos años, Manuel Bragado.
En Caderno de momentos, un libro que la Diputación de A Coruña publicó en 2018 a modo de homenaje tras su jubilación como diseñador gráfico de la entidad provincial, Cobas enuncia una suerte de autopoética guiado por las preguntas de un escritor experto en arte, Xavier Seoane. Regresa a la patria de la infancia en Logrosa, una parroquia rural del Concello de Negreira donde las pequeñas casas se integraban en el bosque y así pudo aprender a distinguir «los olores de las plantas, de los árboles, de las hierbas, en su contexto de luz y sombra y de color».Con el paso de los años se dio cuenta de la importancia de todos los sentidos en las artes plásticas, no solo la vista, también el olfato, el oído y el tacto. «Siempre me gustó la noche», decía entonces, «la noche como espacio de silencio, de refugio y de conversación con uno mismo». Una noche negra que ya no existe a la que se entregaba de adolescente, cuando esperaba a que cayese el día «para gozar de la oscuridad más absoluta» y «recurrir a la memoria para guiarme por el camino».
Esa fascinación por la noche se asentó gracias a una experiencia inolvidable. A inicios del verano iba de pesca al río con su abuelo hasta que la luz desaparecía por completo y regresaban a casa bajo un manto de estrellas al son de la música de los grillos y las ranas. La Luna llena y las luces cálidas de las casas de la aldea de Ínsua se reflejaban sobre las aguas y en una ocasión, «resguardados por la oscuridad, esperamos hasta que una pata seguida por sus siete u ocho crías desfiló ante nuestros ojos deshaciendo el espejo de luces reflejadas en el río». El recuerdo de aquel instante lo quiso repetir muchos años después con su hijo, pero para entonces el alumbrado público había borrado para siempre la magia de la naturaleza nocturna.
Xosé Cobas, pintor del aire, acaba de presentar un volumen prodigioso,
Soño dunha sombra (Kalandraka), un álbum compuesto únicamente por imágenes que remata con un excelso epílogo de Manuel Rivas en edición trilingüe, gallego, castellano e inglés. Un paseo por el interior de una casa a través del tiempo y de la luz, las dos materias fundamentales del cine, siempre tan fácil de conectar
con su obra. Páginas que nacen del silencio y la reflexión para promover el silencio y la reflexión. Un regalo para todos los sentidos y un canto de amor incondicional a la noche.
Martin Pawley. Artigo publicado orixinalmente na sección "La noche es necesaria" da Revista Astronomía, número 319, xaneiro de 2026.