sábado, 14 de xaneiro de 2012

Fran Gayo e as cuestións identitarias

Cartes playes, segunda entrega

OK, hay UN tema básico con el que soy pesado y puedo enroscarme días, meses, años... un tema que me cunde como para seguir furando en él y no llegar nunca a conclusiones. EL tema que me malhumora. Es la asturianidad, lo asturiano, la incertidumbre de la cuestión identitaria. No confundir con el asturianismo, ese caballo de Troya (o mejor, ese troyano) que en bastantes ocasiones ha servido para que nos cuelen toda clase de males en el sistema operativo.

Recuerdo, en los inicios de la RTPA (que por otra parte fueron hace dos días) un programa, Documento TPA, una cosa en plan mesa de debate dirigido por Vicente Domínguez, un amigacho que en este caso me gustaría tener en Buenos Aires, pero está en Salinas... Bueno, a lo que iba, Documento TPA en una ocasión tuvo como tema central "la esencia de ser asturiano". Entre los participantes estaban Chus Pedro, Xuan Bello, creo que Alvaro Ruiz de la Peña...En general todos parecían contentos con su condición asturiana, especialmente eufórico Chus Pedro, que hizo una semblanza del asturiano como individuo solidario, amigable y varios adjetivos más que me hicieron enfurecer hasta las babas.

Porque... ¿podemos estar tan satisfechos de ser quienes somos? ¡No!
¿Es sano? ¡No!
¿Honesto? ¡Menos!

Recuerdo que en aquella mesa no se mencionaron nuestras taras más elementales: el cainismo (tenemos la marca registrada de eso), la fascinación por el fracaso, el invocar a la fatalidad casi como quien engulle un gelocatil tras una noche de farra, es decir, todos nuestros males provienen de un mal supremo que nos deja impolutos de responsabilidad (¿cuántas veces han escuchado hablar de la clase política que los asturianos no merecemos? ¡Sí la merecemos!).

En realidad aquel programa podría haber sido perfectamente una obra de teatro, una performance encubierta, una cosa medio beckettiana de la que algún crítico podría escribir cosas tipo "la pieza esconde en realidad una metáfora de los grandes males que han lastrado al asturiano en las últimas décadas: la autocondescendencia, el inmovilismo, la hipocresía". Ojo, esto lo escribe el crítico de esa obra que ni existe, no yo...

Xuan Bello en su Historia Universal de Paniceiros incluye un texto hermoso sobre su asistencia junto a Pablo Antón Marín Estrada como invitados a un congreso del partido comunista de liberación bretón. Permítanme que cite textualmente:

"Entre ponencia y ponencia encontramos tiempo para ir a una taberna a tomar algo, esta vez ya prevenidos y sin nuestra fatídica bandera. Un guirigay de vascos, gallegos, escoceses, corsos, irlandeses, asturianos y aquel indio sioux escritor de novelas ... Cuando ya estábamos servidos, aquel escritor sioux sentenció: «Aquí estamos todos los que nunca ganaron una batalla». Así era y, cabizbajos, nos fuimos bebiendo toda la cerveza del tiempo."


Insisto que este es un texto al que he vuelto muchas veces porque me parece que esconde más de lo que a primera vista aparenta. La anécdota tiene lugar cuando Xuan y Pablo tenían apenas 18 años, ese momento en que realmente, como ellos, puedes creer que los asturianos hemos perdido batallas memorables, en el que realmente te puedes sentir hermano legítimo de un Sioux. Luego empiezas a dudar, no tienes tan claro que sea honesto ni realista usurpar tal condición de pueblo reprimido, luego piensas que para perder una batalla hay que pelearla antes, y para eso tiene que haber un conflicto, y con honrosas excepciones los asturianos dejamos de ser conflictivos hace mucho ya, si quisiésemos exagerar podríamos decir que el asturiano más que del orgulloso sioux descendiente de cazadores de búfalos y coleccionistas de cabelleras podría hermanarse con el indio que se queda en la reserva a pasearse sin rumbo o que un buen día decide irse a la gran ciudad y confundirse con la masa y beber sin fin.

Pensándolo ahora y a raíz de los últimos acontecimientos diría que el asturiano es más como el típico excursionista despistado con el que puede empezar una peli de terror. Pasea por unas ruínas, ve una lápida con una inscripción, "No derrame sangre sobre esta tumba o los muertos volverán a caminar sobre la tierra y devorarán todo lo que se mueva". Pero el excursionista, que previamente se ha hecho una herida con un clavito oxidado y gotea que es un primor, no hace caso de la inscripción y embadurna la lápida de modo fatídico. Inevitablemente hordas de zombies florecen del suelo y el excursionista huye con una sonrisa pícara y diciendo "¡hostia, la que acabo de armar!".

Igual que este joven cicloturista nosotros hemos tenido la capacidad de revivir cadáveres políticos, nombres que la historia y el sentido común deberían haber sumido ya en el olvido, y una vez las calles están intransitables de tanto comecerebros tenemos la cachaza de decir "¡hay que ser hijolagranputas, van acabar con Asturies!".

En fin, no hay peor consejero que la nostalgia, y más en el terreno ideológico. Si no queremos ahogarnos en nuestra propia vergüenza dentro de pocos años a los asturianos y asturianas no nos va a quedar más remedio que quemar todos los cuadernos viejos, incluso los que aún no habíamos terminado, y empezar uno nuevo, construir algo que si quieren podría llamarse una Asturies Año Cero, dejar de cantar Aida de la Fuente porque esi cantar no da pa más, dejar de citar a Jovellanos, olvidar a Fernán Coronas porque la mayoría de sus poemas no hay jesucristo que los lea, tomar el Día d'Asturies como jornada de conflicto y no de fiesta.

Esta Carta Playa va dirigida con total cariño y extrañando mucho a David Guardado, Ramón Lluís, Juanín, Xuan Bello, el Rendu, Cepedal. Y también con mucho afecto y algo de dolor a Chema Vega, antiguo profesor mío de asturiano y viejo compañero de frustraciones que algún día encontrará lo que está buscando, pero no en este lugar.

Publicado por Fran Gayo en Facebook e -espero que axiña- no seu inminente blog.

actualización: tan inminente era, que xa naceu.

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